
Germán Covarrubias Orozco recuerda que muchas de sus salidas eran a galerías, a buscar obras dispersas por la ciudad, por distintas culturas y eventos.
En cada recorrido encontraba una pieza, una textura, una conversación que lo hacía volver a preguntarse por qué el arte tenía esa capacidad de reunir a la gente y, al mismo tiempo, de revelar algo íntimo de cada persona.
Hoy, ese impulso se convirtió en un lugar: Casa Likido, una galería que nació de una mezcla de intuición, necesidad y deseo.
“Estamos enamorados del arte”, dice Germán.
Y con esta frase no exagera, es la brújula que explica cómo un grupo de amigos diseñadores, arquitectos y creativos terminó restaurando una finca centenaria para convertirla en un punto de encuentro cultural.

Casa Likido es hija directa de Estudio Likido, la firma de diseño y arquitectura donde Germán y sus socios trabajaban desde hace años. Este lugar está ubicado en la calle Miguel Blanco 1297, la colonia Americana de Guadalajara.
El estudio creció, los proyectos aumentaron y el espacio comenzó a sentirse insuficiente. La solución parecía simple: mudarse a un lugar más grande.
Pero lo que encontraron fue más que un inmueble. La casa (con muros de adobe, techos altos y una puerta de más de doscientos años) tenía una presencia que los obligó a imaginar algo distinto.
“El adobe respira”, cuenta Germán, “desde que entras sientes la frescura, el cambio de temperatura. La casa te invita a caminarla”.

Ese gesto, el de un espacio que invita, fue el punto de partida.
Querían un lugar que se sintiera vivo, que pudiera albergar obra, conversaciones, talleres, música, comida, comunidad.
Casa Likido es un proyecto colectivo
Owen Kaleb Muñoz Moreno, fundador; Alejandra Robles Ureta, directora creativa; Alfredo Garduño Hernández, director de proyectos; y Germán, como coordinador, forman un equipo donde cada uno aporta una mirada distinta, pero todos coinciden en algo: el arte debía ser el centro.
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Cuando anunciaron la primera convocatoria de artistas, Germán imaginó que llegarían unas cincuenta propuestas. Llegaron 172.
“Nos quedamos impactados… El mundo del arte nos abrazó de una manera que no creíamos posible”.
Primera curaduría
La convocatoria fue “cerrada” en un sentido muy particular: aunque invitaron a todo el mundo, decidieron evaluar las piezas sin saber quién las había hecho.
No conocían el nombre del artista hasta que la obra era seleccionada; tampoco veían la edad, el género ni el currículum.
Se impusieron la regla de observar únicamente la pieza y la justificación que la acompañaba.
Esa decisión les permitió construir una exposición en la que cada obra tenía que sostenerse por sí misma y dialogar con el espacio sin depender de la reputación del creador.
Fue un ejercicio de confianza en el arte y en la sensibilidad del equipo, una apuesta que terminó definiendo el carácter de Casa Likido desde su primera muestra.
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Durante tres días, el equipo revisó obra por obra, justificación por justificación.
La mayoría de las obras elegidas pertenecían a mujeres artistas, no surgió de una intención previa. Para ellos, ese resultado confirmó que la fuerza expresiva de la obra —y no la identidad de quien la crea— había guiado la curaduría desde el inicio.
Una vez seleccionada la obra, el proceso de montaje fue exhaustivo: medir muros, probar combinaciones, evitar que una pieza opacara a otra.
El resultado fue una exposición diversa: óleo, acuarela, carboncillo, cerámica, fotografía, linóleo, escultura.
Para facilitar el recorrido, cada obra cuenta con un código QR que despliega la ficha técnica, el nombre del artista, la justificación y el precio.
La intención era clara: que cualquier visitante pudiera caminar la casa y comprender la exposición sin depender de explicaciones externas.
La respuesta del público confirmó el acierto. En la inauguración del sábado 22 de agosto, más de 300 personas llenaron la casa. Varias obras se vendieron en los primeros días.

“Eso validó nuestro trabajo. Entonces ya por fin podemos decir que somos galeristas, que manejamos una galería y podemos manejar obra.”
Casa Likido, una multisensorial
Además de ser una galería, Casa Likido es un espacio que busca activar todos los sentidos, pronto abrirán un taller de cerámica con dos hornos —uno de alta y otro de baja temperatura— y ofrecerán cursos de pintura al óleo, acuarela, carboncillo y sesiones con modelo.
Germán lo explica así: “Queremos que la gente llegue con una idea y salga con una dirección más clara. Que este sea un alimento creativo”.
La casa está pensada para que cada habitación tenga una temperatura distinta, para que el olor del café se mezcle con la música y las conversaciones, para que el visitante sienta que está entrando en un lugar que lo recibe y lo transforma.
Ya con agenda nutrida para los próximos meses
Casa Likido ya tiene agenda llena hasta febrero. El 26 de septiembre inaugurarán la exposición del artista pop expresionista Raúl Gómez, con veinte obras provenientes de Ciudad de México.

El 31 de octubre abrirán una muestra de temática oscura y visceral, acorde a la época de Halloween y día de muertos, donde repetirán las convocatorias abiertas para las exposiciones. Pero más allá de la programación, Germán tiene claro el sueño:
“Queremos que Casa Likido sea un punto de encuentro. Un lugar seguro para artistas y creativos. Un sitio donde se conecten, se escuchen y se desarrollen”.
La casa respira. Y con ella, respira una comunidad que apenas comienza a formarse.


