
Guadalajara tiene una larga tradición de monstruos. Algunos nacen en los callejones del Centro, otros en las bibliotecas universitarias, otros en las pantallas de cine.
Pero hay uno que nació del duelo, de la terquedad y de una pregunta sencilla: ¿quiénes están escribiendo y filmando terror en esta ciudad? Ese monstruo —hermoso, comunitario, persistente— se llama Fóbica Fest, y este 2026 cumple diez años.
Detrás de esa criatura está Rogelio Vega, quien no solo dirige el festival: lo sostiene, lo alimenta, lo empuja y lo defiende.
“Soy, lamentablemente, o para bien, el eje central”, dice entre risas.
Así describe la estructura del festival, un proyecto que ha dependido años de su capacidad para sostener tareas que casi nunca se ven, pero que permiten que Fóbica exista.
La historia de Fóbica Fest comienza con Carlos Bustos, Rodrigo Chanampe y Rogelio Vega, quienes en 2015 recibieron una invitación de la Coordinación de Literatura y Artes Escénicas de Cultura UDG: “Oye, viene octubre, no tenemos nada… ustedes que les gusta el género, ¿qué proponen?”.
La respuesta fue Tétrica, Festival de lo Inquietante, un evento pequeño y experimental: tres días, tres actividades y tres colaboradores que mezclaban literatura, cine y gestión cultural. Ese primer intento funcionó como semilla y como laboratorio.

Ese mismo año, Rogelio recibió otro encargo: organizar un ciclo literario para la reapertura del Panteón de Belén, donde se presentaron libros y se realizaron charlas entre tumbas y mausoleos.
Ambas experiencias marcaron un punto de partida: demostraron que había público, que había creadores y que la ciudad respondía cuando se le ofrecían espacios para el terror, el horror y lo inquietante.
El proyecto se transformó
Tras la buena respuesta del público, se pensó en hacer una segunda edición de Tétrica, pero el fallecimiento de Carlos Bustos —escritor de terror y una de las figuras que habían impulsado el proyecto desde el inicio— cambio los planes.
Su ausencia no solo dejó un vacío entre quienes compartían con él el gusto por lo inquietante: también abrió una pregunta sobre cómo continuar lo que habían empezado juntos. Para Rogelio, “continuar el festival era rendirle homenaje. Él ya había marcado estas pautas de: yo escribo, pero como que todos nos ven feo…”.
En una ciudad donde la literatura de terror suele ser vista como entretenimiento menor, Carlos Bustos defendía el género con seriedad. Rogelio Vega decidió continuar esa lucha.
Así nació Fóbica festival de terror, con un nombre breve, fácil de recordar, y que conserva el eco de Tétrica.
“Queríamos respetar el ruido de tétrica… y que fuera fácil de buscar y de escribir”.
El trabajo invisible: construir comunidad desde cero
Fóbica no se estructura como solo un festival: es un mapa vivo de quién escribe, filma, ilustra y piensa el terror en Guadalajara.
Ese mapa lo ha trazado Rogelio caminando ferias del libro, presentaciones, bazares, talleres, librerías de viejo.
Ver esta publicación en Instagram
“Me daba curiosidad saber quiénes son los representantes en la ciudad…”. Y esa curiosidad se convirtió en una comunidad que se ha ido formando por 10 años.
Rogelio ha rastreado autores, directores, ilustradores, fanzineros, editoriales independientes. Ha tocado puertas, ha enviado mensajes, ha pedido favores. Ha armado mesas temáticas, directorios, redes de contacto. Ha conectado personas que no sabían que compartían obsesiones.
“La idea es crear una comunidad… que se ubiquen entre ellos”.
Y lo ha logrado: hoy Fóbica reúne a más de 100 invitados, 50 actividades, cuatro sedes principales y colaboraciones que cruzan fronteras.
Fóbica Fest, el monstruo crece de Guadalajara al mundo
Lo que empezó como un evento local ahora tiene alcance internacional. Han llegado cortometrajes de Estados Unidos, propuestas de Argentina, colaboraciones con editoriales de España, aplicaciones de lectura que ofrecen beneficios a los asistentes.
Incluso los premiados del festival han viajado lejos:
- Emiliano Monroy Pineda, ganador del concurso de guion, llevó su corto Pisadas de sangre a Panamá.
- Alex Cervantes, otro ganador, presentó su trabajo en Cannes.

“De alguna manera ya los vemos y decimos: ellos nos conocen y nosotros los conocemos”, dice Rogelio con orgullo.
Las sedes: una ciudad tomada por el terror
Este 2026, Fóbica Fest se extiende por cuatro sedes principales:
- Casa Zuno (Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara): la sede mayor, con bazar y exposiciones.
- Biblioteca Larva: talleres infantiles, cómic, antologías.
- Librería Mariano Azuela: domingos de lectura y talleres para niños.
- Chingamers: juegos de mesa de terror, incluyendo Ten Candles, una experiencia narrativa.
Ver esta publicación en Instagram
Y para el cierre, sábado 7 de noviembre, en Casa Avis Raris contará con exhibición plástica, música y la presentación de Letras Insomnes, “que no es de la ciudad, se abrió una convocatoria nacional, la gente mandó y se va a presentar aquí”.
El aprendizaje: un hombre que cambió para sostener un sueño
Rogelio no era organizador de eventos, no era gestor cultural, no era administrador; era un lector y un escritor que decidió hacer algo por su comunidad.
“Antes ni siquiera usaba WhatsApp”, asegura; pero hoy coordina un festival, responde mensajes, negocia sedes, arma programas, revisa convocatorias, diseña estrategias, atiende emergencias.

El festival que no cobra: una ética de resistencia
Fóbica Fest pretende ser gratuito tanto para el público como para quienes participan con sus proyectos.
Eso, en un mundo donde los festivales suelen financiarse con entradas o patrocinios, es casi una anomalía.
“Es complicado decirle a la gente: échame la mano y no te voy a pagar nada porque no generamos dinero”, admite Rogelio.
Pero esa gratuidad no es precariedad, Fóbica Fest se sostiene en colaboraciones genuinas, en proyectos que se suman porque creen en el género, en diseñadores que ofrecen su trabajo, en fanzines que se integran a la programación, en instituciones que confían en la seriedad del festival.
Entre esos colaboradores cercanos están Patricia González y Carlos Bañales, parte del círculo que acompaña a Rogelio en la construcción del festival. Su presencia, sin embargo, es parte de esa constelación de apoyos que hacen posible el festival.
Diez años después: el monstruo está vivo
Fóbica Fest cumple una década sin ser un festival masivo ni comercial ni institucional. Es un espacio que existe porque Rogelio decidió que debía existir. Un lugar donde el terror no es solo entretenimiento, sino metáfora, símbolo, crítica, comunidad.
“Queríamos borrar la idea del monstruo como lo terrible… darte cuenta de que es una alegoría de algo más”.
Y lo ha logrado: cada año, cientos de personas se reúnen para hablar de brujas, fantasmas, distopías, asesinos, criaturas, símbolos, miedos; nuevos autores se suman; el mapa crece.
El futuro: seguir encendiendo velas
El festival inicia el 26 de septiembre y termina el 7 de noviembre. Serán semanas de libros, cine, talleres, juegos, charlas, música, fanzines, comunidad.
Pero más allá de la programación, Fóbica es una prueba de que un proyecto independiente puede sostenerse diez años si alguien está dispuesto a encender velas en la oscuridad.
Fotos: Cortesía


