

Un abrazo refrescante es el que da el árbol frondoso del camellón de la avenida Francisco I. Madero en el Centro del municipio de Chapala, Jalisco. De sus ramas cuelgan cilindros tejidos, son las nasas.
Quizá no parezcan, pero estos adornos son –o fueron– artes de pesca tradicionales, que eran la herramienta infalible para obtener el alimento de cada día en las localidades frente al Lago de Chapala.
Hoy son muestra de un pedacito del pasado pesquero de la Ribera del cuerpo de agua más grande del país.

Un pequeño homenaje a los pescadores
Quien transita por este punto del llamado Rinconcito de Amor, que está entre la Parroquia de San Francisco de Asís y el malecón, se siente atraído por la sombra de las largas ramas que se convierten un refugio para visitantes y comerciantes.
Al sentarse en las bancas adornadas con mosaicos azules y amarillos, inevitablemente se voltea hacia arriba.
Es cuando las nasas colgastes roban las miradas del transeúnte que inevitablemente trata de descifrar los patrones de estos objetos cilíndricos hechos de ramas semi delgadas.

A ese túnel ingresaban los peces que quedaban atrapados para luego ser extraídos por los pescadores cada mañana.
Aunque hoy son ornamentos que el gobierno municipal ha aprovechado para convertir en luminarias y las aves, por su parte, las han ocupado para establecer sus nidos, son de hecho vestigios culturales de esta zona de Jalisco.
Las nasas, herramientas en cada casa alrededor del Lago de Chapala
En la investigación ‘Todo tiempo pasado fue mejor’, o la pesca en el lago de Chapala antes de la desecación de su ciénaga, Carlos Ortiz Segura explica las nasas:

“Las nasas se fabricaban de palo fierro, capulín y chicuite, maderas que proliferaban en los cerros cercanos”.
“La mayoría de los pescadores tenían en sus casas un tronco como de 25-30 centímetros de grueso que servía de molde para manufacturar las nasas”.

El investigador explica que las varas usadas para crear este avío eran tan delgadas como la corteza de los árboles, “pues entre más flexibles fueran era mucho mejor ya que las que se colocaban verticalmente eran dobladas hacia el interior para formar la boca de la nasa”.
Esta tecnología estaba hecha para que los peces del Lago de Chapala quedaran atrapados: popocha, pescado blanco, charal, mojarrita, sardinita, carpa. A partir de una carnada, los animales podían entrar que no salir.
“En el interior se le ponían varas puntiagudas que al unirse a la boca de la nasa formaban una abertura que se iba estrechando conforme el pez avanzaba hacia el centro de la misma”.
Fotografías: Iván Serrano Jauregui


