Afilador de cuchillos


La melodía del silbato es la mensajera que anuncia que ha llegado el hombre que afila cuchillos, tijeras, machetes y cinceles. Los viernes en la colonia Americana de Guadalajara las calles se inundan del agudo sonido que crea Alfredo Valles Covarrubias con el silbato.

Ya van 25 años que este hombre recorre las calles de la ciudad con la encomienda de dar filo a las herramientas que ya no cortan.

Ser diestro en el manejo del esmeril y caminar decenas de calles bajo el sol o la lluvia es parte del oficio que le enseñaron su padre y sus tíos décadas atrás.

“Hay veces que está tranquilón, como ahorita. Vengo desde Santa Tere y no ha salido casi nada, ahorita me voy a ir a Mexicaltzingo para ver si allá quieren filo”.

Alfredo asegura que hay mucha competencia por la zona del Centro, tal vez por ese motivo esa tarde no le había caído más chamba que dos servicios.

Afilador de cuchillos

“Cuando me va bien salen unos 20 o 15 cuchillos al día; cuando está malo, unos ocho”, dice mientras saca la herramienta de trabajo justo en el esquina de las calles Madero y Enrique Díaz de León, donde el dueño de un foto estudio le pidió que le sacara filo a la guillotina.

El esmeril está conformado por una piedra que consigue en el Mercado San Juan de Dios, sobre ésta pule las herramientas al mover manualmente una manija que le da velocidad y de la que salen chispas por la fricción.

Afilador de cuchillos

“Los sábados me voy para el Estadio Jalisco, el martes a Medrano; en diferentes lados ando. Es un trabajo que además sirve como ejercicio y vas por la calle a gusto, eso es lo que más me gusta”.

Tras dos clientes que lleva en la zona –un día malo–, Alfredo regresa a su casa en Zalatitán, municipio de Tonalá.

Al día siguiente la tonada que avisa “¿va a querer filo?” a las amas de casa, los jardineros, carniceros, mecánicos, costureros y herreros volverá a escucharse en alguna otra parte de la ciudad, en cuanto salga el sol.

Afilador de cuchillos