En medio del luto nacional por los sismos que afectaron al centro y sur de México el pasado 19 de septiembre, en el municipio ribereño de Ocotlán, Jalisco, dieron inicio las festividades más importantes del año, aquellas que se remontan a un episodio de desolación y esperanza muy similar al que se vivió hace unos días en diversos lugares del país y que, desde entonces, ha marcado la identidad de la región.

Benito Juárez había sido nombrado gobernador de Oaxaca y los estadounidenses tenían dos semanas de haber ocupado la Ciudad de México cuando el domingo 3 de octubre de 1847 una tragedia azotó el oriente de Jalisco.

Destrucción de la parroquia de Ocotlán tras el sismo

Según los testimonios, eran entre las 9 y 10 de la mañana cuando la región quedó devastada por un terremoto de magnitud 7. El fenómeno dejó sólo un par de inmuebles en pie, entre ellos un hospital que se encontraba justo detrás de la parroquia de Ocotlán, así como un número indeterminado de muertos que algunos historiadores estiman entre 50 y 60, sólo en la entonces Villa de Ocotlán.

Prodigio de Ocotlán

La comunidad se había dado cita en la plaza principal, frente a las ruinas de lo que era la parroquia dedicada a Santiago Apóstol para escuchar la misa mayor la mañana del domingo. Cuenta la leyenda que entonces algunas personas notaron la presencia de una formación nubosa con la forma de Jesucristo con dirección al noroeste. Dicen, incluso, que dicha manifestación se veía desde las localidades de Cuitzeo, Jamay y La Barca.

Según los 45 testimonios registrados en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, recabados por Marcia Romero en el libro Testimonios de la aparición del señor de la Misericordia de Ocotlán, Jalisco (2016), en el lugar había más de 2 mil personas.

Hubo quienes, al ver la figura del Cristo crucificado en el cielo, comenzaron a llorar de rodillas. Otros al ver la exaltación de la gente pensaron que la tierra se movía de nuevo; algunos afirmaron haber visto un cometa o una estela de luz.

El ciudadano Florencio Lobato, barbero, constó en los documentos testimoniales levantados el mismo año que “olló que una multitud de mas de dos mil personas que habia reunidas en la plasa para oir la misa que hiba á selebrarse daban gritos i que incados pedian misericordia a Dios que entonses entendió el motibo y obrervó al Noroheste a Jesus crusificado mui perfecto con el rostro inclinado al lado derecho (sic)”.

Don Ramón Godínes, originario de La Barca y vecino de Ocotlán, declaró lo siguiente:
“El día dos cuando yo fui, después del temblor me encontré con la población caída, y muchos muertos, yo contaría cosa de treinta, aunque fueron más. El día tres antes de entrar a misa, oi que la gentre gritaba y no sabia yo por que le preunté a un hombre que estaba cerca de mi, por que lloraba la gente, y me dijo que alli estaba el Señor, que si no lo veía, entonces incliné la vista hacia donde me dijo, y lo vimos yo y mi hermana Maria Tomasa Godínes (sic)”.

La cruz estuvo por más de media hora en el firmamento, causando todo tipo de reacciones entre los feligreses: desde el pánico, hasta la alegría, pasando por la incertidumbre, la devoción y la angustia.

Dicho evento fue legitimado y el culto fue aprobado en 1911 por la Iglesia Católica. Desde la década de los 30 las fiestas en honor al Señor de la Misericordia se celebran oficialmente entre el 20 de septiembre y el 03 de octubre de cada año.

La celebración

Las fiestas se dan por iniciadas con la Entrada de Gremios, una procesión en la que participan más de 40 mil varones agrupados según su oficio o profesión. Éstos parten desde la estación del ferrocarril de Ocotlán hasta la parroquia del Señor de la Misericordia, que previamente es adornada con vestiduras de más de 9 metros de largo, confeccionadas hechas por las mujeres de la localidad.

Vestiduras en Parroquia de El Señor de la Misericordia, Ocotlán

En el interior del recinto, los asistentes realizan un juramento mostrando su devoción y su fe por el llamado “Prodigio de Ocotlán”.

En la edición de 2017, el sacerdote Antonio Olivos Sepúlveda sugirió que la marcha de este año fuera en silencio acorde al luto nacional en memoria de los fallecidos en el sur y centro del país por los sismos.

Entrada de los gremios, Ocotlán

Sin embargo, la procesión fue estruendosa, igual que en años anteriores, cuando la llamaban “la marcha de la música”. Bandas, mariachis y conjuntos musicales tradicionales acompañaron a los contingentes que convocaron a más de 40 mil feligreses agrupados en 12 gremios.

“Yo vengo por la fe, vengo a pedirle al señor de la Misericordia que nos siga dando paz y tranquilidad en Ocotlán”, dijo Hugo Amezcua asistió con sus hijos y sus nietos. Todos desfilaron en el gremio de los mecánicos y herreros. El hombre lleva en su camisa colgados dos distintivos pequeños, uno en azul y otro en morado, que representan a diferentes contingentes.

Hugo tiene 20 años participando en la Entrada de Gremios, y al preguntarle si sintió el temblor del pasado 19 de septiembre respondió que sí: “Fue muy leve pero sé que en otros lados fue de mayor intensidad, por eso yo digo que a nosotros, los ocotlenses, el Señor de la Misericordia nos ama y nos quiere mucho, por eso nos ha cuidado bastante”.

Por su parte, el señor Victor Trujillo llegó desde Michoacán para hacer su juramento de manda, es decir, por un voto de fe. Él tiene cáncer desde hace cuatro años. “Desde entonces el señor de la Misericordia me está ayudando para estar aquí (…) le tengo mucha fe, porque es el único que se ha aparecido en todo el mundo y eso quiere decir que está con nosotros”.

Víctor lleva un moño negro en el brazo izquierdo, indica que es una muestra de solidaridad con los afectados por los terremotos recientes. “Desgraciadamente no podemos hacer gran ayuda pero al menos solidarizarnos con las personas que están sufriendo estos tragos amargos en nuestros pueblos y ciudades, solidarizarnos con ellos y mandarles desde aquí nuestras oraciones”. Afirma que el próximo año volverá a venir si su salud se lo permite.

Fiestas Ocotlán

Las fiestas en honor al Señor de la Misericordia involucran cada año a agricultores, profesionistas, comerciantes, carpinteros, albañiles, transportistas, panaderos, pescadores, birrieros, huaracheros, zapateros, maestros, fotógrafos, sastres y obreros, que a partir de su devoción y el testimonio de la herida que se abrió y que de alguna manera cicatrizó con la aparición del Cristo redentor, se involucran en la organización de la comida, los bailes, las celebraciones eucarísticas, los fuegos artificiales y un montón de otras tareas para recordar las tragedias de otros años.

Sonidos de la identidad

Estudiantes de Periodismo del Centro Universitario de la Ciénega (CUCiénega) de la Universidad de Guadalajara realizaron un paisaje sonoro de las fiestas en honor al santo patrono de Ocotlán.

Dicho audio recopila las voces y los sonidos que son una constante en la localidad, durante esta fecha en que la gente participa en las distintas manifestaciones de celebración. La publicación original se puede leer y escuchar en Lab Radio CUCiénega.

Fotografías: Archivo / Prodigio de Ocotlán / Alfredo López Ponce / El Ocotlense