Valeria Guzmán Díaz


Una de las cosas que más le asustaban a Valeria Guzmán Díaz era cómo iba a leer; perdió la vista a los 16 años, la edad en la que una persona comienza a experimentar los cambios físicos y emocionales, frente a un mundo que le ponía un reto en esa etapa llamada adolescencia.

Una malformación de nacimiento fue la causa, un glaucoma congénito que evolucionó rápidamente para asaltar su mirada de manera irreversible. Ceguera permanente fue el diagnóstico.

“Me encerré como dos años enojada, triste, asustada, disimulando; mentía al decir que todavía veía un poco. La gente se desconcertaba porque no sabía hasta qué grado estaba afectada mi vista. Pero para mí, mi rescate fue que hice trámites a la preparatoria y salí en listas. Y ahí, que el mundo que se cuidara porque entonces ya no hubo nada que me detuviera”.

Ese momento encendió una llama en Valeria, una luz que le descubriría un mundo sin fronteras y lleno de oportunidades. Una ventana se había cerrado, pero otra muy grande se abriría para darle paso a sus sueños.

“El hecho de saber que sí iba a poder estudiar, que sí iba a poder viajar, sí iba a poder escribir y todo, me reanimó, me quito la tristeza. Entonces duré dos años súper sacadísima de onda, curse la secundaria abierta, hice trámites a la prepa y cuando supe que todo volvía a ser como me gustaba, entonces ya lo empecé a sobrellevar bien. Porque la vida misma te va apapachando y te va diciendo por dónde”, dice Vale con una sonrisa que le da la vuelta al mundo.

Su primer contacto con el sistema de lectura táctil braille lo tuvo a los 12 años, una etapa de su vida en la que todavía no perdía la vista. Su acercamiento fue por medio de un amigo de su familia. En ese tiempo le parecía un sistema de escritura bonito, pero que ella no lo necesitaba. Lo aprendió y punto.

Pero cuando tuvo que entrar a la preparatoria, llegaban los primeros cambios. “Siempre que me hablaban de cosas de ciegos yo me rehusaba, estaba en la negación. Pero cuando sabía que iba a entrar a la preparatoria y sabía que era necesario escribir bien este sistema (braille), recurrí a otro amigo, quien me dio un repaso de un mes. Entré a la prepa haciendo apuntes en braille, haciendo tareas en braille y ya, sobre la marcha y con la práctica aprendes a leer y escribir más rápido”.

Gestora cultural, psicóloga, locutora y conductora de radio, canta y escribe poesía. Valeria aprendió a leer a los cinco años. Tenía un librero muy grande en la sala de su casa y todas las tardes se sentaba a leer. Desde Carlos Fuentes hasta libros de superación personal (que ahora no son de su agrado); ahora gusta de la poesía contemporánea, las novelas, o lecturas que la lleven a reflexionar, los libros de escritura compleja e interesante y los cuentos cortos.

Desde temprana edad estuvo en contacto con las letras. “Escribo desde chiquita. Desde pequeña siempre tuve libretitas donde hacia cuentitos, poesía en rima y esas cosas que ahora no hago en rima, las escribo en prosa poética. La música me ha gustado mucho, pero aprendí a tocar guitarra hasta la prepa, me tardé (en aprender). Estoy en un colectivo de cantautores que se llama Canción Viva, hay muchos autores de la ciudad”.

Valeria se ha vuelto un universo de historias con pies que no se detiene, ni la detiene nada en su caminar. Ella es una persona que le apuesta a la vida, a sus sueños, a no dejarse caer por nada, a vivir la vida apapachando a la gente con sus palabras y sus experiencias de vida. Así es Valeria, quien no se da el lujo de iniciar las mañanas sin una taza de café.