Mural Grupo Reforma

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Alejandra Carrillo
Guadalajara, México (14 de mayo de 2023)

Que si hay brujas en Acatic, que si hay monstruos en los lagos o que una ciudad fue fundada tras la tragedia de una doncella indígena, son relatos que no se pueden comprobar, pero aún existen en la memoria y la tradición de algunos habitantes de Jalisco.

Para el historiador Carlos H. Loza, las leyendas, aunque cada vez son menos comunes, son una forma de entender el pasado de una región.

Él mismo se dedica a dar recorridos en Guadalajara a través de las historias fantásticas que guardan fincas antiguas y templos en el Área Metropolitana.

“Son parte del saber popular, a través de ellas podemos entender el por qué de la forma de pensar de la población, su historia, sus tradiciones, costumbres y creencias”, explica el profesor y creador del sitio de Facebook “Sucedió en Guadalajara hace un…”.

“Cada que yo hago un recorrido y le cuento a la gente leyendas que no sabía de una casa, esa gente ve la casa con otros ojos y darle importancia a su conservación sobre todo en una Ciudad cuyo patrimonio se está cayendo a pedacitos, la única manera de conservar lo que queda es contar otra vez las historias de la gente que las habitó”, advierte.

Iván Serrano Jaúregui, creador del proyecto Jalisco. Voces de Leyenda, ha recorrido casi todo el estado buscando las leyendas de los municipios contadas por cronistas y habitantes de pueblos como Ojuelos, Tapalpa, Cihuatlán y Poncitlán, por mencionar solo algunos.

Para él esta es una forma de reconocer la historia no oficial de un pueblo y de sus valores morales así como de los paisajes que se han ido extinguiendo.

Jáuregui afirma que en las leyendas hay varios contenidos que podrían dar pistas del terreno natural en donde se asentó una ciudad. Por ejemplo en Puerto Vallarta, donde algunas leyendas apuntan a los ahogados por el Río Cuale, que cada año se desborda provocando daños sin que las autoridades parezcan hacer algo para impedirlo o prevenirlo.

Hay algo que tienen en común las leyendas de los pueblos: ese recuerdo de cómo era Jalisco antes de la modernidad y la globalización.

“Tienen un halo de ideal mágico sobre el pasado y un enorme anhelo de antaño, de lo que ya no es, los paisajes, las costumbres y los valores de la época. Cuando la gente me cuenta estas historias puedes ver que hay algo que les brilla en los ojos, porque son historias que han habitado sus costumbres y a sus familias”, agrega Jáuregui.

Por su parte, Loza señala que entre los varios elementos que tienen en común las leyendas del Área Metropolitana abundan las que señalan a las mujeres como portadoras de desgracias y maldiciones.

“Son a su manera muestras de una sociedad patriarcal en la que se desarrollan, sobre todo del siglo 19”.

Estas son algunas de las leyendas que se cuentan en Jalisco.

EL ÁNIMA DE SAYULA

Esta es una leyenda un poco más pícara que terrorífica. Habla, sí, de un fantasma, pero también de la homofobia que habitaba en los pueblos de Jalisco hasta el siglo 20.

El relato, que hoy es ampliamente difundido para el turismo de la región, durante años fue motivo de vergüenza para muchos habitantes en Sayula, al sur de Jalisco y de burla de otros municipios de la región.

El Ánima de Sayula fue inspirado en una broma que urdieron al autor, un peluquero de nombre José Arreola y Blasito, el boticario del pueblo, cuya víctima fue Apolonio Aguilar, un ropavejero de Sayula.

El autor del poema que le dio vida a la leyenda fue el michoacano Teófilo Pedroza, en 1871, después de haber vivido en Ciudad Guzmán. Esta leyenda dice que José Arreola engañó a Apolonio Aguilar con el cuento de que un fantasma le entregaría riqueza si iba a verlo a medianoche en el cementerio de Sayula.

Tratando de conseguir cumplir el reto Apolonio, se encuentra con que la propuesta del fantasma es un encuentro sexual al que finalmente no acepta.

Hoy el Ánima es parte de la iconografía del pueblo, se encuentra en paleterías, libritos con los versos a la venta, esculturas y hasta en cervezas.

LA CASA DE ‘LA CONDENADA’

Esta es una de las leyendas que Carlos H. Loza afirma rememora un pasado que veía a la mujer desde los estereotipos. Está basada en una finca en el Centro de Guadalajara en la esquina de la Calle Juan Manuel y Avenida Alcalde, donde dicen que asustan.

Se aparece, según la creencia popular, una mujer pálida y de orejas grandes que arrastra pesadas cadenas, mientras va leyendo un libro con sus hojas quemadas.

Dicen que en vida se dedicaba a leer libros prohibidos y a renegar de la religión, por lo que cayó enferma. Presintiendo su muerte, no dejó que ningún sacerdote entrara a confesarla.

Pidió, de hecho, que cuando muriera, la enterraran con uno de sus libros prohibidos en la mano.

Por la noche solo la velaron una amiga suya y sus sirvientas quienes por la noche escucharon ruidos extraños en la alcoba donde se encontraba el cadáver de la mujer, que desapareció misteriosamente.

LOS GENTILES DE TUXPAN

Los antiguos pobladores contaban sobre la presencia de una especie de criaturas acuáticas que habitaban en el Río Tizatirla, que rodea el municipio de Tuxpan. Dicen que a finales del siglo 19, algunas personas que nadaban en el río lograron ver los misteriosos seres a los que llamaban “Los Gentiles”, por poseer facciones parecidas a las de la gente, pero cuya morfología, decían, recordaba a los anfibios.

Quienes afirmaban haberlos visto hablan de no reconocer si los animales eran machos o hembras, aunque algunos parecían tener bustos y, eso sí, estaban cubiertos de algas marinas.

No eran malvados, recuerdan quienes escucharon la leyenda, se cree que tenían buenos sentimientos y que incluso llegaron a salvar vidas de niños y mujeres de las aguas profundas.

LAS BRUJAS DE ACATIC

Es de conocimiento casi general que en la región Altos Sur, el municipio de Acatic es llamado la tierra de los brujos. Hoy día allá se pueden encontrar personas que se dedican a hacer limpias, amarres y adivinaciones de ese tipo.

Esa leyenda data de hace varios siglos y afirman que había brujos y brujas que por las noches se transformaban en lechuzas que vigilaban la ciudad desde la torre de la Parroquia de San Juan Bautista.

Incluso hay fábulas que cuentan sobre una pareja de brujos muy pobres que, a veces, transformaban al marido en guajolote para que la mujer lo vendiera a las personas del pueblo y que él, por las noches, se transformara para regresar a casa sin un rasguño.

EL CHAVARÍN DE AMECA

La leyenda de esta Tierra tiene que ver con una temporada de alta sequía a principios de siglo que no permitía la cosecha de maíz y caña.

Se habla de un hombre honrado y respetado por su comunidad, un muchacho de una familia de pescadores, Lucio Chavarín, que se convirtió en un gran pescador en el Río Ameca. Cuando la sequía terminó con los peces la familia de Chavarín se ve fuertemente afectada económicamente, a tal punto que el pescador decide venderle su alma al diablo.

El diablo se le apareció en una serpiente acuática que le ofrece, a cambio de hacerse el mejor pescador, dormir con la serpiente que él veía con una mujer hermosa. Su familia, incluida su esposa, lo descubre, por lo que la familia le pide apoyo al cura de la iglesia para recuperar su alma.

Chavarín huye al río y ahí se esconde y se convierte en un monstruo, unos dicen que como un humano peludo otros dicen que con cuerpo de pescado, pero siempre acompañado de la serpiente. Durante muchos años cada que había un ahogado o un accidentado en el río, le echaban la culpa al Chavarín.

LA PRINCESA DE JAMAY

A las orillas del Lago de Chapala, en el municipio de la región Ciénega, hay una leyenda sobre una princesa llamada Zazamol o Xamayaín, de la que según dicen proviene el nombre de Jamay.

Se trata de una leyenda de la población indígena que habitaba Jamay antes de la Conquista.

Una doncella, hija de uno de los líderes de la comunidad, desapareció en el lago un día que tomaba un baño.

Dicen que la dama, hija de un cacique indígena de la región, que podría haber sido de la cultura Coca o la Tecuexe, poseía una gran belleza que todos envidiaban.

Cuando se bañaba en el lago se formó un torbellino que la devoró.

Su padre mandó a traer a los mejores nadadores de la región para buscar a la princesa, pero lo único que encontraron fue la flor de zazamol, una especie de nenúfar flotando en el agua.

LOS MÚSICOS DE COLOTLÁN

Este municipio del Norte de Jalisco encierra una leyenda de un grupo de músicos que, según narran, bailaron con el diablo.

Cuenta la leyenda que a principios del siglo antepasado había un grupo de músicos que complacían a los parroquianos de las cantinas cantando sus canciones.

Así iban de barra e barra todas las noches hasta que en una ocasión habían terminado temprano de recorrer todos los barrios de Colotlán y sin más clientes para complacer, desesperados por llevar el pan a la mesa, uno de los músicos exclamó: “Si el diablo me pagara por ir a tocar al infierno, sin problemas iría”.

No mucho después de haber dicho eso se presentó un elegante caballero que les ofreció tocar en una fiesta muy exclusiva por una buena paga, el único requisito era taparles los ojos para llevarlos a la fiesta con el fin de que no supieran cómo llegar al sitio.

Cuando arribaron al salón elegante, donde sería la tocada, reconocieron a algunas de las personas que estaban allí bailando eran personas que habían muerto, pero que en vida se dedicaban a labores ilícitas.

Sin hacer muchas preguntas al final les pagaron con monedas de oro, pero los abandonaron a su suerte en plena noche para que caminaran hasta el pueblo. Amaneció y cuando menos se dieron cuenta sintieron las bolsas de sus pagos más ligeras para darse cuenta que estaban llenas de alacranes, sapos, víboras y arañas por lo que dedujeron que habían tocado en el infierno y regresaron muy asustados a rezar a sus casas.

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Medio informativo enfocado en difundir el legado cultural y artístico de las regiones de Jalisco.