El Baratillo. Fotografía: Gobierno de Guadalajara

El tianguis de El Baratillo es una manifestación cultural urbana importante, se trata del tianguis más grande de Guadalajara y cada domingo miles de personas participan en este “otro comercio”.

Durante la conferencia “Otro comercio, otra Guadalajara: el Baratillo”, David Alejandro Saracco Álvarez platicó acerca de la parte histórica de este tianguis y los detalles que encontró al investigar sobre el ámbito urbano, la ocupación del espacio y la arquitectura efímera de este mercado sobre ruedas.

Desde las cartas de Hernán Cortés se ha mencionado la organización de mercados prehispánicos, entre ellos el más famoso: el de Tlatelolco, explicó el investigador durante esta conferencia de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco.

La Plaza Mayor en 1769, antes de la remodelación de Revillagigedo, con sus puestos comerciales, la horca y una fuente.

Además, la periodicidad y el mercado en calle han sido dos elementos arraigados en el concepto de tianguis gracias a la herencia prehispánica.

El Baratillo no fue exclusivo de Guadalajara, pues desde el siglo XVIII se comenzó a hablar de este tipo tianguis en lugares como la Ciudad de México.

“Se habla de que entre el parián (edificio con portales a sus lados) y los bancos hay un baratillo donde se compra y vende lo usado, baratijas. Estaba en medio porque estaba escondido, esto en la Ciudad de México”, explica.

Aunque las verduras y hortalizas eran comercio de origen indígena, no se trataba de un tipo de comercio exclusivo, sino que también existía el intercambio de herramientas por parte de los españoles, lo que era una medida muy común.

“En los bancos estaban productos de España y China, y afuera de los portales estaban los tenderetes, los manteros, que eran comercios no específicos. El comercio de baratillo no era exclusivo de indígenas ni españoles, sino más tolerante, pues había españoles que vendían herramientas en un petate”.

El Baratillo, el mercado que se mueve

En el siglo XVI, el primer obispo de Nueva Galicia, Pedro Gómez de Maraver, “habla que hay un mercado muy bueno en Guadalajara que se pone cada cinco días”.

Él describió su ubicación como un lugar donde se daban los árboles de Castilla y también se le sitúa en Plaza de Armas y después, en 1570, a un costado de la Plaza de San Agustín (a un lado del templo a un costado de el Teatro Degollado).

En 1776, el alcalde de la ciudad promueve la instalación del tianguis en la Plaza de Santo Tomás (hoy Plaza Universidad), pero duró poco.

“Ahí se siguen denunciado ‘ofensas’, que se sigue vendiendo robado, entonces consideran que sigue siendo problemático que esté en el corazón de Guadalajara”

Y así continuaron los cambios de ubicación: para 1842, El Baratillo se encontraba en la Plaza de Santo Domingo (hoy frente a la Casa de los Perros), donde se instaló por tres años debido al movimiento armado conocido como la Guerra de los Tres Años, durante la época de la Reforma.

Continuando el peregrinaje, El Baratillo se instaló en otros puntos como la zona de San Juan de Dios, donde se mantuvo varios años.

“En un texto de El Informador, de José R. Benítez, el 15 de julio de 1956, refiere que ‘El Baratillo’ (ya escrito con mayúsculas) habla de que estaba atestado de puestos, con poca higiene, al lado del Río San Juan de Dios, ahí ya se habla de lo malo de El Baratillo”, contó.

Se insistía en retirarlo del Centro tapatío por las quejas y malas descripciones en comparación con la “bonita” Guadalajara de ese entonces.

Fue así como El Baratillo se instaló en alrededor de 36 lugares, según registros de fuentes desde el siglo XVI, cuando se ubicaba en Plaza de Armas.

Fue hasta 1968 cuando pasó a reubicarse en la Calle 38, donde hasta la fecha se vive la fiesta mercantil cada domingo.

Mercado del pueblo

Una de las causas por las que El Baratillo fue bien adaptado hacia el final de su peregrinaje fue debido a la zona obrera de entonces, detalló el investigador.

En ese lugar la gente compraba “los fierros” que no querían en el Centro.

Sin embargo, los conflictos actuales de este tianguis giran en torno a conflictos de vecinos de la zona y la interferencia de esta jornada de comercio en sus vidas.


Fotografías: Gobierno de Guadalajara, Benemérita Sociedad de Geografía e Historia de Jalisco

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  • Wendolee Franco

    Reportera de Ciudad Olinka. Estudiante de la licenciatura en Periodismo del CULagos. Aficionada de las artes y la cultura. Ha colaborado para el medio Atmósfera.

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