El grupo Teatro de la Ciénega se caracteriza por incluir en sus filas a personas amateur, y por hacer equipo con las comunidades de la región.

Asentada en Ocotlán, Jalisco, un municipio que carece de un teatro físico como tal, esta agrupación también sobresale por hacer de cualquier espacio su escenario.

Su director, Modesto Hernández Merino, relata que en 15 años -en octubre es su aniversario- el grupo se ha valido de lo que está a su alcance para realizar obras.

Detrás de cada puesta en escena y los retos que conlleva realizarla, encontraron una de las fortalezas del equipo: usar la creatividad para superar adversidades. 

“Lo que nos ha dado eso es como un proceso muy fuerte de generación de ideas y de resolución de conflictos creativos”.

Familia. A lo largo de 15 años, el grupo ha tenido varios elencos que han logrado forjar una convivencia más allá de los escenarios. (Fotografía: Casa de la Cultura de Ocotlán).

Todes pueden actuar

Por las filas del Teatro de la Ciénega han pasado bachilleres, universitarios, niñas y niños, y vecinos de los distintos municipios de esta región aledaña al Lago de Chapala.

Luego de leer los libretos, transformarse con el maquillaje y el vestuario, y subirse al escenario, olvidaron por un momento su contexto y se supieron actores y actrices.

“Todo el mundo puede actuar hasta que demuestre lo contrario”.

Con esa frase, como un mantra, explica Modesto Hernández cómo el grupo ha logrado mantenerse de pie durante 15 años, incentivando la confianza de su elenco, haciendo familia.

También han acercado el teatro a las colonias, a los pueblos, creando sus escenarios en tarimas en plazas públicas, en kioscos, calles y auditorios municipales.

Tradición. En la imagen, Modesto Hernández durante un ensayo de la representación de Moros y Cristianos con pobladores de Zapotlán del Rey. (Fotografía: Teatro de la Ciénega).

Haciendo comunidad

Hay tres proyectos donde el grupo se involucró y que Modesto Hernández recuerda con especial entusiasmo, por tratarse de manifestaciones culturales de comunidades.

Es decir, los habitantes de esos poblados de la Ciénega hicieron equipo con el grupo de teatreros para enaltecer y difundir sus tradiciones.

Una de ellas fue la popular pastorela de San Martín de Zula, en Ocotlán; así como la fiesta de los Moros y los Cristianos en tres comunidades de Zapotlán del Rey.

En ambos casos, los parlamentos que utilizan los pobladores para realizar estas representaciones religiosas se han transmitido de generación en generación.

“Permitió identificarse con la comunidad y con los procesos de las poblaciones, esa parte me parece es muy genuina, porque además se hizo con mucha honestidad”.

Otro de los proyectos, el más reciente del grupo, fue adaptar al teatro de sombras la leyenda del Chan del agua, oriunda del pueblo coca de Mezcala, en Poncitlán.

De alguna manera, resume Modesto Hernández, quienes se han involucrado con el grupo han terminado por enamorarse de la Ciénega o fortalecer su sentido de pertenencia.

Porque el Teatro de la Ciénega, sostiene, tiene un compromiso social, que va desde la apropiación de los espacios públicos, hasta hacer comunidad con su gente.


Fotografías: Facebook Teatro de la Ciénega y Casa de la Cultura de Ocotlán.

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Reportero de Ciudad Olinka. Ha trabajado para Mural Grupo Reforma, Más por Más Guadalajara, La Jornada Jalisco y Radio UdeG Ocotlán.