Ángel Ortuño. Fotografía: David Valdovinos
Ángel Ortuño. Fotografía: David Valdovinos

¿Cómo meter una galaxia en nuestra casa? Pocos se lo preguntarían y, para ser precisos, quien lo hizo fue Ángel Ortuño.

“¿Y cómo hacer esto? Pues de la manera más sencilla: dándose cuenta que la galaxia ya está ahí adentro”.

“¿Y cuáles son los cuerpos celestes de estas galaxias? Pues las palabras“, dijo muy seguro, durante una charla virtual sobre la literatura en pandemia, realizada hace poco mas de un año.

Ahí, él y otros escritores tapatíos platicaban sobre cómo los libros nos acompañan durante una situación global como la que hoy se vive.

En su intervención, él buscó contagiar una pasión que por años vivió, que es el amor por las palabras, y lo hizo proponiendo que éstas fueran vistas como un universo que está en todas partes:

Ángel Ortuño“Están en el periódico, las revistas, en el aburridísimo boletín de la asociación de vecinos, o incluso ese volante donde doña Mari nos afirma que a pesar de todos los covides podrán tener el menudo dominical temprano a la puerta de su recluido domicilio“.

“Todo eso está lleno de palabras y para todas esas palabras somos nosotros ese dispositivo que las convierte en sonido“.

“Es el juego que quiero proponerles: que vuelven a jugar a la lotería, a serpientes y escaleras, y que los escuche hablar todo el tiempo”.

Y como buen poeta ejemplar, al explicarlo, el tapatío sonó lúdico, entusiasta: su voz tenía un ritmo que se disfrutaba escuchar.

“Las palabras tienen cadencia y ritmo y son juguetes sonoros a nuestra disposición”.

Ángel Ortuño. Fotografía: David Valdovinos
Mentor. Ángel Ortuño durante una charla enfocada en jóvenes escritores, en el CUCSH. Fotografía: David Valdovinos

“Esas galaxias de palabras son las que pueden entrar a nuestra casa, porque le damos voz a todo aquello que está en nuestra casa“.

Adiós, gran poeta

Toda esa propuesta no fue más que un mínimo ejemplo de lo que Ángel Ortuño hizo por años: contagiar el amor por las ideas, las palabras, la poesía.

A partir de este día, eso faltará. Este viernes 24 de septiembre por la mañana se dio a conocer que el poeta había fallecido, a la edad de 54 años en Guadalajara.

La comunidad literaria y cultural de Jalisco no hizo esperar su asombro y condolencias por su partida.

Sus colegas, estudiantes y amigos sacaron a flote los cotidianos momentos que habían compartido con el irreverente hombre de la poesía, que tenía la magia de convertirlos en extraordinario.

Su hermano, el escritor Antonio Ortuño, tuiteó: “Se fue el rey irrepetible de toda esta historia”.

Otras y otros compañeros de él y escritores que manifestaron su condolencias fueron Luis Vicente de Aguinaga, Carmen Villoro, José Homero, Mónica Nepote, Hernán Bravo Varela, Julio Trujillo.

Amante del verso

Ángel Ortuño estudió Letras en la Universidad de Guadalajara y desde 1997 trabajó con la institución en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz.

Algunos de su libros son Las bodas químicas (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994); Siam (Filodecaballos, 2001); Aleta dorsal (Arlequín, 2003); Minoica (con Eduardo Padilla, Bonobos, 2008).

Boa (Mantis, 2009), Mecanismos discretos (Mano Santa, 2011); Perlesía (Bonobos, 2012); 1331 (Práctica Mortal, 2013); El amor a los santos (Ediciones El Viaje, 2015); Tu conducta infantil ya comienza a cansarnos (2017); y Gas lacrimógeno y otras cosas que no son poemas (2018).

“A mí me gustan mucho los versos, además, desde que aprendí a escribirlos son absolutamente incapaz de escribir un renglón completo”, compartió en aquella charla virtual.

“(Cuando era niño) no me gustaba terminar los renglones y hacía esto que algunos profesores llamaban escalerita que es ir disminuyendo poco a poco; entonces supongo que esto de alguna manera me llevó al verso“.

Lo que llamaba de su obra era el desenfado, irreverencia y lo real de lo que evocaba.

Además de escribir y publicar, Ortuño mantuvo una carrera activa en proyectos como la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, pero también en la académica, como profesor del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

La esperanza de revalorar la lengua que transmitía este poeta nunca se le olvidará, pues quedó como legado de las letras jaliscienses.

“Es un amazonas de pajarería parlera y exótica, que anida dentro de nuestras gargantas. Jugar a esto valdrá la pena“, nos recordó Ángel Ortuño sin un gesto de duda.

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Reportero de Ciudad Olinka. Ha colaborado en Gaceta UdeG, Kä Volta, Revista Colibrí, El Diario NTR Guadalajara, Radio UNAM y Radio UdeG Ocotlán.