A raíz de la convocatoria de la SEP, ilustradores se unieron a través de la campaña #LailustraciónSEPaga e ironizaron en cómo deberían ser las portadas de los libros de texto.

Para la ilustradora sinaloense -radicada en Guadalajara- Ana Cristina Esparza, ‘Chopsuey’, la convocatoria de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para ilustrar los libros de texto a cambio de una constancia, es una “mentada de madre”.

Una, por la desvalorización al trabajo de las y los artistas y dos, por el trato que se le está dando a los propios materiales educativos.

 

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La convocatoria de la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP establece que los creadores que resulten seleccionados para esta labor, recibirán “únicamente una constancia por sus materiales visuales, con valor curricular”.

Además, de acuerdo con Animal Político, la SEP también invitó a maestros de grupo, jubilados y becarios a crear en menos de dos meses los contenidos de los libros de la “Nueva Escuela Mexicana”.

‘Chopsuey’ ilustró el año pasado libros de primero y sexto de primaria de Cívica y Ética, por lo que sabe que editar este material implica tiempo y dedicación.

“No me hace ningún sentido que nomás estén recolectando dibujos sin ningún contexto, sin ningún texto, me resulta muy ilógico”.

Ella trabajó, con un contrato de por medio para garantizar su remuneración, y con un equipo de creadores liderado por una editora, “día y noche” durante al menos cuatro meses.

Se unen las y los ilustradores

Tras la convocatoria de la SEP, ilustradoras e ilustradores lanzaron la campaña en redes sociales #LailustraciónSEPaga para alzar la voz sobre esta situación.

“Es gente que yo no nunca había visto y eso me parece importante, dar a conocerse, saber que hay más gente”, consideró ‘Chopsuey’ al respecto.

Por ello, recomendó a ilustradores que van iniciando su carrera a que no regalen su trabajo y menos a entes gubernamentales que cuentan con presupuesto.

En eso coincidió el ilustrador tapatío Guillermo Castellanos, quien mencionó que este caso es una muestra clara de lo que vive a diario este sector de la comunidad artística: la desvalorización de su oficio.

 

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De cómo se puede pensar que realizar ilustraciones es un pasatiempo y no un servicio profesional.

“Y que esto venga de parte del Estado es vergonzoso, porque no dan el valor a nuestro trabajo”.

Lamentó que esta situación se haya presentado para elaborar los libros de texto, con el que las niñas y niños van a formarse, como seguramente lo hicieron los propios ilustradores.

Lo positivo, resaltó ‘Memo Plastilina’ es que salieron a la luz pública ilustradores, creadores y narradores gráficos y se han unido en esta batalla.

“Que podamos aglutinarnos como un colectivo y que de esta manera tendríamos oportunidad de exigir mejores condiciones”.

Los retos

‘Memo Plastilina’ mencionó que las condiciones laborales para las y los ilustradores suelen ser precarias, y con la pandemia se agudizaron.

Desde ser artista independiente y no tener seguridad social, a buscar un empleo base donde generen recursos para sus necesidades básicas y les dé tiempo para dedicarse a esto que hacen con pasión.

 

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Por ello, consideró importante que la misma comunidad valore su trabajo y no acepte proyectos que no les remunera.

Vio la actual situación como un área de oportunidad para que artistas conozcan más sobre derechos laborales, contratos y cuotas mínimas que pueden cobrar por todo el trabajo que hay detrás de una ilustración.