Su mamá decía que la capirotada más rica es la típica, la que comían en familia, pero ella cree que se vale improvisar, usar la creatividad al momento de cocinar este postre tapatío.

Es Susana Montoya, socia y cocinera del Antiguo Café Reforma (calle Reforma 318), de Guadalajara, y en esta Cuaresma impregnó de peculiares sabores a este pan para deleite de sus comensales.

“Muchos le ponen coco, grajea, cada quien le pone su toque”, menciona.

El suyo, su toque especial, es apostar por una capirotada más perfumada y especiada.

“Quise jugar con ese sabor tradicional de mi abuela que era el piloncillo, la canela, el clavo de olor y yo le agregué la nuez moscada y el cardamomo”.

Aunque es de la idea que cada quien le puede poner su toque a cada platillo, Susana considera que a la capirotada no le puede faltar, además de los ingredientes mencionados, el plátano macho, cacahuate y queso fresco.

Como todos los platillos que cocina y ofrece en este restaurante del Centro tapatío, tiene una apariencia poco común, pero un sabor inigualable.

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Fotografía: Cortesía Raúl Méndez.