Desastroso es como define Marianné Alarcón a este 2020, el año de la pandemia por Covid-19.

Tras 33 años en escena se vio orillada a cerrar, por cuestiones económicas, la Escuela de Danza de Guadalajara.

Pero sólo fue de manera presencial, aclara, porque en esencia, en espíritu, la escuela sigue abierta.

De unos 120 estudiantes que tenía, sólo imparte clases a una veintena de manera virtual, o presencial bajo protocolos sanitarios.

En entrevista para Ciudad Olinka, relata que la danza le exige día con día ser disciplinada, una resiliencia implícita que brotó de sí misma cuando el panorama lucía cada vez más desalentador.

¿Qué implicó para ti este año de pandemia? ¿Cómo lo viviste?

Al principio pensamos, como todos, que serían unos cuantos días; coincidía con la Semana Santa y de Pascua y se nos pidió que cerráramos, pensando que se adelantaban las vacaciones y se hacía un ajuste al calendario escolar.

Cerramos diciéndole a los alumnos que seguramente a mediados de abril nos veíamos, y no fue así. Nos fuimos recorriendo y recorriendo fechas hasta que ya no pude más y a finales de agosto tuve que cerrar la escuela porque no podía, estaba pagando renta y gastos, manteniendo el local.

¿Cómo reaccionaron tus estudiantes y sus familias cuando les comunicaste que cerrarías la escuela?

La gente lo ha lamentado por los años que tenía yo en esto, sobre todo porque no tienes un plan para adelante, no puedes organizar o pensar que en enero y febrero vas a conseguir un local, ante la incertidumbre.

Al principio se nos pidió que solamente se trabajara con mayores de 16 años y a la capacidad del 30 por ciento, entonces eso tampoco te paga la renta.

¿Continúa la Escuela de Danza de Guadalajara?

Estamos cerrados físicamente. El espíritu y el proyecto continúan porque son muchos años. Estamos dedicados a las bellas artes desde hace toda una vida, y pues buscar, tener paciencia.

Sí estoy trabajando con niñas de manera muy personalizada con grupitos de tres, cuatro, tanto en línea como presenciales en espacios que nos han prestado, con un proyecto muy particularizado con la confianza de los papás en mi trayectoria y los maestros que se quedaron conmigo.

También ha sido una odisea para ellos porque nosotros vivimos de esto y de repente los recursos y los ingresos se nos fueron volando por los aires, y uno tiene que hacer gala de creatividad para hacer otras cosas como coreografías, clases especiales o dar clases en otras escuelas.

La crisis sí ha sido terrible, no nos hemos recuperado económicamente.

¿Cómo describirías a las futuras generaciones este año 2020?

Como un año que sí nos dejó muchos aprendizajes, nos volcó a nuevas tecnologías, pero al mismo tiempo perdiendo mucha esencia de lo que fuimos.

Tuvimos que reinventarnos, eso a lo mejor a los 20 o 30 años hasta divertido puede ser, pero yo tengo 56 y eso es muy complejo; te da mucho miedo, pero aquí estamos, echándole ganas.

¿Cómo te ha ayudado la danza para superar los obstáculos?

La danza es disciplina, orden, es seguir, te agarras de tu disciplina y no sabes más que al día siguiente tienes que dar clases, tienes ensayo, el compromiso y hay que cumplir.

Hay un compromiso con las nuevas generaciones que no tienen la culpa de lo que está pasando y tampoco tienen la culpa de la edad de uno, simplemente hay confianza y hay que cumplir.

Creo que las artes escénicas en general tienen esa característica, una disciplina férrea que te da muy poca oportunidad de tirar la toalla. Seguir, seguir, seguir, seguir. A veces eso ayuda mucho.


Fotografías: Cortesía Marianne Alarcón