Empezamos nuestro recorrido desde Zapotlán el Grande hacia Los Altos de Jalisco. Nuestro destino: Encarnación de Díaz.

La verdad sabía muy poco del municipio a visitar; para ser honesto, no sabía nada. Lo había escuchado nombrar, sabía que estaba cerca de Lagos de Moreno, pero eso era todo.

Como hago en cada viaje, me puse a leer algo sobre el municipio que iré a visitar, pero esta ocasión más allá de su historia, su gastronomía o tradiciones.

Mi prioridad era cómo llegar a la población y dejé a un lado lo demás. Decidí que llegando allá dejaría que la ciudad me sorprendiera.

Después de cinco horas de camino por la carretera libre, de cruzar algunas poblaciones, dejarme sorprender por el color dorado del llano que se matizaba con el verde oliva de algunas plantas, y dejando a un lado las planicies, llegamos a Encarnación de Díaz, que nos recibía con un lema: “La Puerta de Oro a Los Altos de Jalisco”, escrito en unos arcos a la entrada de la población junto con su escudo de armas.

Sus calles angostas, casas tradicionales de Los Altos de Jalisco, construidas con cantera y una arquitectura de principios del siglo XX, nos acompañaron hasta el centro de la población.

Nos sorprendió el movimiento de carros y gente, después, al llegar al centro, nos enteramos que estaban en fiestas, por lo cual, calles y hoteles estaban a reventar. Año con año, a principios de febrero, la población celebra su Feria de la Encarnación.

Fue interesante ir conociendo poco a poco la historia de esta población y a su gente amable. Cabe destacar, prácticamente una población joven a comparación de otras en Jalisco.

La población existió a partir de mediados del siglo XVIII, cuando siete hacendados de la región regalaron un fragmento de terreno cada quien para conformar lo que se conocería en su momento como La Villa de Nuestra Señora de la Encarnación de los Macías, nombre que lleva la virgen encontrada y la cual se ha convertido en la protectora de la población, comentó el historiador Luis Carlos Flores.

En la actualidad se le conoce como Encarnación de Díaz, en honor al ex presidente de México, Porfirio Díaz, y sus triunfos ante el ejército francés.

Sin embargo, ser una ciudad con una reciente historia, no impide que los habitantes se sientan orgullosos de ‘La Chona’, apelativo que usan con mucho cariño al referirse a su ciudad; al contrario, se sienten tan orgullosos que en una población no mayor a los 35 mil habitantes existen dos museos de sitios y el panteón, considerando uno de los tres más bellos de Latinoamérica, ganándose el título como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el 2010.

Ya que en él se encuentra arquitectura del siglo finales XIX y principios del XX, con la particularidad que a diferencia de los cementerios que estamos acostumbrados, el panteón de ‘La Chona’ tiene gavetas, y no se entierra “tres metros bajo tierra” como dice la expresión popular.

Lo que abundan en él son las criptas, al estilo latino europeo. Aunque sí existen pocos entierros que no son en gaveta, sobre todo en el panteón nuevo.

En el panteón viejo, sólo hay una capilla, ubicada en el centro del panteón y a su costado, un mausoleo clásico del estilo tradicional en la época del ‘porfiriato’. Alrededor unos arcos con largos pasillos donde se encuentran lápidas que decoran los muros, acompañado con hermosos jardines.

Un museo que se localiza a espaldas de la parroquia es el dedicado a los cristeros, que mas allá de un museo es un altar a las acciones de esta gesta. Al igual que muchas poblaciones de Los Altos, la gente de Encarnación de Díaz participó en esta lucha en la década de 1920.

En este museo se muestran desde fotografías, documentos, armamento que se usaron durante esta lucha, y hasta reliquias de algunos cristeros.

A pesar que fue una etapa sangrienta, en especial para los fieles católicos, al preguntarles a distintas personas su opinión de la lucha, orgullosos comentaban que “la lucha fue por la libertad”. A veces tanto orgullo pareciera que fueran capaces de participar de nuevo si fuese necesario.

Al caminar entre las calles, comer su pan, tan afamado en la región, nos encontramos el Museo de las Ánimas, que se localiza a un costado del panteón municipal el cual tiene cinco salas, entre ellas una prehispánica, dedicada a objetos de culto y de uso doméstico encontrados en excavaciones.

En él, también encontramos la eternidad de la gente de Encarnación de Díaz, pues a diferencia de muchos museos municipales, éste cuenta con una sala dedicada a momias encontradas en el cementerio de la población.

Aunque hay muchos museos que exponen momias en nuestro país, como las de San Ángel o las de Guanajuato; las momias que hay en este museo son muy recientes, hay algunas que su fecha de muerte es de 1988 y la más antigua tiene 130 años de antigüedad.

Es sorprendente lo bien conservadas que están; pero lo que más me sorprendió es la naturalidad de cómo la gente ve esta exposición.

Anécdotas de las personas y cómo recuerdan que murieron, son muy comunes en algunas conversaciones con los pobladores. Dentro de estas anécdotas, doña Guillermina, que estaba en el panteón viejo, nos platicó: “hubieran visto el día que las escogieron (a las momias), las formaron ahí recargadas en la pared y ahí fueron quitando las que no les gustaban… porque aquí en ‘La Chona’ tumba que se abra, hay una momia”. Entre risas dijo: “somos la fábrica de momias”.

Son tantas que la gente comenta que las momias que se exponen en Guanajuato son de ‘La Chona’. Sobre este punto, el historiador Carlos Flores confirmó que la población cuenta con muchas personas momificadas o deshidratadas (bis), pues debido al agua que se bebe, que contiene muchos minerales, el clima, y que prácticamente los cuerpos no tocan la tierra, permite que la mayoría de los cuerpos sufran una momificación.

Expresiones populares, que tal vez nacieron de esta población, como la del “viejo del costal”, son parte de la ficha descriptiva de una momia expuesta que en vida se le conocía como Don Rosario, quien sufría de problemas de sus facultades mentales y se dedicaba a ropavejero.

La población, con el afán de espantar a los niños, les decían “que si se portaban mal se los iba llevar el viejo del costal”. Así, puedes recorrer el museo, y cada una de las momias expuestas tiene una historia; y como historieta de ciencia ficción y lo más interesante, que te la puede contar algún poblador que haya conocido en vida a alguna de ellas.

De las más “extrañas” y sorprendentes, es la momia más chica que se tiene reconocida en el mundo. Se trata de un feto aproximadamente de cinco meses, donado por la preparatoria que se incluye en la exposición; la cual es una simulación de las criptas que están el panteón.

Si vistas Encarnación de Díaz, hay que venir con tiempo, pues el pueblo ofrece muchos atractivos como balnearios, la visita de haciendas o recorrer las fábricas de vitrales o de vidrio estirado; el panteón y la exposición de las momias, la cual se tenía contemplado como itinerante pero se ha dejado de manera permanente por la gran aceptación tanto de los turistas como de los pobladores; para que en cualquier época del año, la gente se acerque y conozca al pueblo que se niega a ser olvidado.