Desde temprano, las manos de la familia Juárez Montero se llenan de harina. Al amanecer, la cocina de doña Catalina se impregna de un olor dulce, mientras que los ingredientes desfilan uno a uno rumbo al horno, de donde saldrán en forma de conchas, roles, cuernitos y pan de muerto.

Junto a su horno, doña Catalina Montero es la responsable de mantener cálida la pasión de la panadería El Apanpacho, y al menos dos veces a la semana con ayuda de su familia prepara decenas de panes que serán entregados a zapopanos que disfrutan el pan dulce.

“Nunca he conocido a alguien que no le gusta el pan, a todos nos gusta y es algo muy noble”.

Durante esta temporada, uno de las especialidades es el Pan de Muerto. Esta delicia es uno de los favoritos de El Apanpacho, donde se hornean de forma tradicional, o con relleno, sin olvidar su aroma a cítricos y mantequilla ni su cubierta de azúcar.

“Su ralladura de naranja que es lo tradicional, su agüita de azahar. Es una masa que lleva mucho más líquido que otras”.

“En el pan de muerto es más húmedo, lleva más leche, mantequilla, a veces le hemos hecho el añadido del jugo de naranja”.

El Pan de Muerto es sólo uno de los típicos panes que se hornean en El Apanpacho. Doña Catalina comparte que uno de los más pedidos son los roles. Pero las conchas, las bolas de queso y los cuernitos también ocupan un lugar en el estómago de los clientes.

El ritual de hornear 

Los martes y viernes el horno de El Apanpacho se prepara y Doña Catalina empieza a dirigir. La masa del Pan de Muerto está casi lista y su hija y ayudante, Rosa, la separa en pequeñas porciones que se inflarán con el calor. 

En familia. Junto con Rosa y Alejandro, doña Catalina hornear hasta 100 piezas de pan o incluso más durante cada jornada

En el otro lado de la mesa, Alejandro, el novio de Rosa, toma las porciones más pequeñas y con ayuda de sus dedos los convierte en huesitos de masa. Después de ser untados con una ligera capa de huevo, el pan ahora sí está listo para entrar al horno.

Después de algunos minutos en el horno, los pequeños panes casi duplican su tamaño. Con cuidado son retirados del calor, mientras en la mesa una brocha con mantequilla los espera. El último paso es bañarlos en azúcar

Algunos panes terminarán en un altar y otros servirán para matar el antojo.

Sazón. El Pan de Muerto es un platillo de temporada y en su preparación se incluye ralladura de naranja, entre otros ingredientes, aunque la receta puede variar

🎧🍞 Escucha esta historia:

Locución: Jonathan Bañuelos
Producción: Pablo Miranda Ramírez


Comprometidos con el sabor

La panadería El Apanpacho surgió como una iniciativa familiar en tiempos de pandemia. Doña Catalina recuerda que aprendió este oficio de un panadero que ofrecía sus enseñanzas, y ella misma comparte sus saberes con aquellos curiosos del arte de hornear pan.

Originaria de Veracruz, doña Catalina disfruta experimentar en la cocina y compartir sus creaciones.

Comprometida con el sabor, esta panadera tiene claro que el objetivo es preparar delicioso pan con calidad y esmero, casi como si cada pieza fuera un regalo único para el paladar.

“Mi pan favorito es la concha, es un pan que lo puedes comer con dulce o con salado, con chocolatito, con un refresco, un café, con lo que se te antoje, realmente la concha es mi favorita”.

Es temprano en la mañana y de vez en cuando algún vecino toca la puerta y encarga alguna de las más de 100 piezas de pan que se hornean cada jornada. Antes de mediodía el pedido estará listo y alguien disfrutará del sazón de Doña Catalina y su familia.

“Siempre queremos que sea el negocio que la gente prefiere, no por pensar en que nos deja más ganancias o si podemos vender hasta no sé dónde. 

La verdad prefiero que la gente diga ‘Me gusta tu pan, los pasteles que haces, nos gusta el trato’, esas son las cosas que nos importan más que ponerle un precio”.

Como en casa. El hogar de doña Catalina se convierte en panadería durante algunos días; por las mañanas el olor dulce impregna los alrededores y para los vecinos es una señal de que el pan casi está listo

Fotografías: Pablo Miranda Ramírez