En una de las disciplinas artísticas de mayor contacto corporal, las y los bailarines tuvieron que tomar sana distancia porque Covid-19, pero lograron expresar el enfoque afectivo y potente de las dos coreografías que componen La última respuesta.

“Fue complejo, pero creo que fui muy afortunado de tener artistas con mucha experiencia que supieron resolverlo pronto”, comparte el director del montaje, de la compañía NUBEM, Josué Valderrama.

La Sala Digital del Conjunto Santander de Artes Escénicas es el espacio que alberga este proyecto llevado al video y que además cuenta con música de Ameneyro, una fusión de jazz, rock y folclor mexicano.

“Singularidades femíneo”

Ese es el título de la primera pieza de esta muestra de danza contemporánea. Está protagonizada por cuatro mujeres que retratan lo que implica enfrentarse al machismo y la intolerancia.

“Esta obra es más literal, mucho más clara en el discurso porque es danza-teatro y algunos textos son muy narrativos, y aunque la estructura es contemporánea, el manejo es con una estructura más lineal”.

Las intérpretes en esta pieza son Azalea López, Laura Cruz, Paulina Medina y Carolina Vorrath; mientras que los diálogos presentes son del poema “Limpieza” de Xésar Tena.


🎧 Escucha la siguiente información:

Locución: Jonathan Bañuelos


“La última respuesta”

La segunda y última propuesta da título al montaje y recrea una situación de intolerancia y confrontación, que logra ser disipada a través de la ternura y la comunicación.

“Suena como un poco utópico, un poco romántico, pero nosotros pensamos que sí funciona”, dice Valderrama al explicar que, pese al lenguaje abstracto de esta pieza, se comprenden las emociones.

En La última respuesta aparecen en escena Azalea López, Laura Cruz, Paulina Medina, Leonardo Blanco y Víctor Villasana.

Retos del mundo digital

Aunque Josué Valderrama reconoce que presentar estas obras implicó retos como acatar la sana distancia, cuando el contacto corporal es elemental, también es consciente de las oportunidades que representa esta virtualidad.

Por ejemplo, las cámaras permiten captar detalles, gestos en el cuerpo o en el rostro de los bailarines que transmiten emociones, y que pudieran pasar desapercibidos en la presencialidad.

“Debemos encontrar las formas de que, en video, en lo digital, en la edición de estos elementos, el espectador vea otras cosas y de igual forma se emocione, se motive”.