En el ring de la Arena Coliseo la pelea sigue, pero la cuenta hasta tres marca el final y rudos y técnicos dejan el cuadrilátero. A las orillas de la ciudad el ritual se repite, pero en condiciones improvisadas, sin olvidar que el reconocimiento es el motor para buscar el aplauso del público.

Las llamadas “arenas chicas” de lucha libre son espacios deportivos emergentes que fueron el objeto de estudio del doctor Humberto Hernández Ramírez.

El investigador, basado en su experiencia con el estudio antropológico e histórico de los deportes, decidió indagar cómo los luchadores crecen como sujetos sociales a partir de la identidad colectiva que ofrece este oficio.

“Estoy estudiando cómo los luchadores se construyen como sujetos sociales a partir de su pertenencia o adhesión a una identidad colectiva, es decir, el oficio como articulador de una identidad colectiva”.

Hernández Ramírez explica que este deporte tiene presencia a través de dos tipos de escenarios: aquellos que cuentan con la infraestructura necesaria y manejan el espectáculo de una forma más profesional.

Por otro lado, existen aquellos lugares donde se practica este deporte, muchas veces en la precariedad, motivados casi únicamente por el reconocimiento del público.

El ecosistema en las arenas chicas

Las arenas chicas suelen estar instaladas en colonias populares o en las orillas de las ciudades y no cuentan con un sistema consolidado que garantice la rentabilidad de ese deporte.

Además, quienes practican lucha libre en estos espacios no reciben un sueldo estable que garantice esta afición como un oficio.

Pasión. Los luchadores de las arenas chicas suelen practicar este deporte como actividad recreativa y no siempre por obtener un recurso económico. Fotografía: Humberto Hernández

Ante esta situación, el investigador buscó conocer cuáles son las razones para que los interesados continúen con este deporte pese a no recibir una recompensa económica

“Como resultado del deterioro del oficio de luchador este circuito de arenas chicas perdió viabilidad económica y es un movimiento que no está articulado por el dinero, sino por la circulación de satisfactores de naturaleza simbólica”.

Humberto Hernández menciona que la identidad colectiva es una forma de acción que se sustenta en el reconocimiento mutuo y en una base común de experiencia. 

Agrega que en las sociedades tradicionales las adhesiones sociales daban a los sujetos un sentido de pertenencia, orientación y certeza de valores.

Sin embargo, en las sociedades contemporáneas estas características desaparecieron.

Además, enfatiza que las actividades al margen de la racionalidad económica son aquellas que desafían la organización del mundo social, lo que impulsa a los sujetos a formar y construir lazos que le den ese sentido de pertenencia.

 

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Investigar sobre el cuadrilátero

Como parte de esta investigación, el científico social se involucró en el movimiento de la lucha libre, observando entrenamientos y funciones, o realizando entrevistas a los atletas y sus entrenadores, e incluso sobre el cuadrilátero.

“Ellos trataron de que yo aprendiera lo que significa ser luchador, precisamente querían que luchara, y aunque no puedo hacer trabajo físico, fui referí”.

“Fue una inmersión fenomenológica en el campo; si me preguntaba qué se sentiría estar arriba del ring, la mejor forma de saberlo era estar arriba, la mejor manera era experimentando, y eso fue lo que hice”.

Estas experiencias ayudaron a que el investigador conociera un poco más sobre las estructuras simbólicas que organizan el quehacer colectivo en este oficio.

Además, gracias al contacto con los atletas, Humberto Hernández conoció de cerca cómo el entrenador es una figura importante para estos profesionales del ring, con quien se fortalece una relación fraternal, llegando a convertirse en un referente paternal.

Dentro de este contexto también descubrió que el luchador crea a su personaje con base en las experiencias sobre el ring, pues determina su personalidad (rudo o técnico) luego de interactuar con el público y observar las reacciones.

Por otra parte, Humberto Hernández asegura que aunque en menor número, también hay mujeres que practican lucha libre en estos escenarios.

No obstante, en estos lugares no hay rastro de discriminación o machismo, pues entrenan bajo un esquema que no privilegia a hombres sobre mujeres o viceversa.

Símbolos. Dentro y fuera del cuadrilátero se observan varios rituales, además de que la práctica de este deporte crea vínculos entre los atletas. Fotografía: Humberto Hernández

Fértil campo de investigación

El investigador señala que existen pocos estudios antropológicos que se enfoquen en la lucha libre.

Debido a esto decidió llevar a la academia este deporte, una afición que mantiene desde su infancia y la que, con trabajo previo, ha logrado posicionar en la escena de la investigación.

Y menciona que el estudio del deporte desde una visión antropológica ha sido poco abordado, pero representa un campo fértil para realizar investigaciones.

Pues considera que prácticamente cualquier deporte puede aportar conocimiento respecto a la vida social y al comportamiento humano.

“Se percibe el deporte como un reflejo de las sociedades que lo practican, de su manera de entender e interpretar el mundo, de sus tensiones sociales”.

Es una vía de acceso al análisis y comprensión de las sociedades contemporáneas, y este enfoque ha resultado muy enriquecedor”.


Fotografías: Cortesía Humberto Hernández