"De los dioses, el maiz", Canal 44


“Aún recuerdo la leyenda antigua, un cuento que me contó mi abuelo, que a su vez le contó su abuelo: en el inicio fue el maíz. El amanecer de la mazorca fue el amanecer de nuestra vida”.

Así, como se transmite la tradición oral, es contada la historia de la creación del hombre en el primer episodio de De los dioses, el maíz.

Esta serie documental de 13 episodios, creada por Canal 44 de la Universidad de Guadalajara, aborda las experiencias de productores de este cultivo.

Es una poesía visual alrededor de este alimento, fundamental para entender la cultura mexicana y latinoamericana, desde tiempos ancestrales y hasta nuestros días.

La directora de la serie, Marisa Cruz Flores, explicó que, a comparación de las anteriores series originales que crearon en el canal (Al puro chile y De tequila hasta los huesos), las personas que hablan no son estudiosos, sino quienes trabajan la tierra.

“Nos centramos en los indígenas y campesinos para conocer cómo es la estrecha relación, histórica y cultural, entre el ser humano y el maíz”.

Aquí conocerán sobre mitos y deidades, las formas de sembrar, la cocina prehispánica, producción, gastronomía y el maíz en nuestro tiempo.

“Por medio de relatos, conoceremos las diversas formas de producción, la gran variedad de platillos y bebidas. El maíz que está presente en el arte, artesanías, costumbres, rituales”

Un viaje por el Jalisco maicero

Fueron dos años los que les llevó al equipo de producción realizar este trabajo, para el que viajaron a lugares de Jalisco.

“Fuimos a Santa Cruz del Valle, San Lucas Evangelista, Ixtlahuacán de los Membrillos, San Cristóbal Zapotitlán, la Sierra de Manantlán, Cuzalapa, Unión de Tula, Tuxpan, Tequila, Tomatlán y Talpa”.

“Fuimos la comunidad wixárika de San Andrés Cohamiata, en la Región Norte, y a La Barca, en la Ciénega (donde vimos una producción más industrial)”.

Otros estados del país que visitaron fueron los de Michoacán, Guanajuato, Aguascalientes y Ciudad de México.

Marisa Cruz dijo que existen 64 razas de maíz, pero cada año nacen nuevas variedades cuando la semillas se mezclan en los campos, lo que aporta a una rica diversidad.

“Estamos tan descontextualizados con lo que hacen los campesinos. Descubrimos que hay una forma hermosísima de sembrar, en la que en el mateado son colocadas tres semillas: una para el tiempo, una para el humano y otra para los animales”.

Muchos de estos métodos ancestrales, dice, son sostenibles, pues no involucran quemas y se respeta a la tierra.

“Me di cuenta de la importancia del maíz en la familia, porque esta planta la cuidan como a un hijo. Este cultivo no va solo, ya que en la milpa se siembra  frijol, calabaza, jamaica, en fin, cada familia decide qué sembrar en el año”.

“Conocimos gente cuya vida es alrededor del maíz, ellos cuentan su testimonio de una forma tan sencilla y natural, pero al mismo tiempo tan profunda, con amor a la tierra”.

Para la realización les apoyó la Unidad de Apoyo de Comunidades Indígenas (UACI) y el Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) de la UdeG, la Comisión Estatal Indígena y gobiernos municipales y estatales.