A mediados del siglo pasado a Guadalajara se le llegó a conocer como la “Ciudad de las rosas”, debido a la abundancia de esas flores. Esa anécdota forma parte de la memoria de muchos tapatíos, pero también es un fragmento importante en la historia de la Botánica que emergió en la capital jalisciense.

Al igual que este episodio, Guadalajara tuvo varios períodos botánicos más que dejaron huella. Estos capítulos históricos fueron documentados por el historiador Carlos Silva Cortes, quien desde hace un par de años decidió estudiar el pasado de la Botánica en la otrora “Ciudad de las rosas”, documentando el crecimiento de esta disciplina en la metrópoli.

“Me interesó conocer cómo los aficionados se apropiaron del conocimiento botánico en la Guadalajara de mediados del Siglo XX, principalmente para conocer las rutas que estas personas diseñaron para abordar un disciplina que por décadas tuvo pocos fundamentos científicos en la ciudad”.

Silva Cortes, egresado de la Maestría en Historia de México de la Universidad de Guadalajara (UdeG), relata que esta investigación formó parte de su tesis de posgrado y en ella recopiló información del periodo entre 1961 hasta 1988, pues consideró que en ese lapso fue cuando la botánica tuvo su auge, con la creación de sociedades e instituciones que impulsaban ese conocimiento.

El historiador relata que en 1949 el botánico Rogers McVaugh llegó a Guadalajara a estudiar la botánica que la zona, lo que influyó para la creación de asociaciones de aficionados que también se interesaron en investigar y conocer sobre la flora de la ciudad.

Estas agrupaciones emergentes estaban conformadas por personas de distintas profesiones, algunos de ellos incluso dejaron sus trabajos para dedicarse a la botánica, asegura Carlos Silva, y entre esos grupos destacó un personaje que llamó su atención, Salvador Rosillo de Velasco, a quien el historiador dedicó un apartado en su investigación.

Aficiones. Carlos Silva también es aficionado al cuidado de plantas como orquídeas o suculentas, lo que combina con su pasión por la historia.

Aficionados a las plantas

Luego de excavar en archivos históricos de la ciudad, Carlos Silva documentó los primeros pasos de la botánica en México a inicios del Siglo XIX; en el pasado, resume, había personas que investigaban sobre esta disciplina, pero sin contar con conocimientos especializados en biología o botánica.

El historiador señala que mientras tanto en Guadalajara empezó a surgir un movimiento de personas aficionadas a la botánica, quienes iniciaron a documentarse y consultar a especialistas para apropiarse del conocimiento botánico, lo que derivó en iniciativas que se consolidaron de forma más institucional y profesional, como la Sociedad Botánica del Estado de Jalisco, en 1952, o el Instituto de Botánica de la UdeG en 1953.

En su investigación, Silva Cortes también recopiló archivos y datos de personalidades que aportaron conocimientos a la botánica tapatía, entre ellos Rosillo de Velasco, a quien se le califica como el padre de la orquideología en el Occidente de México.

“Salvador Rosillo de Velasco fundó la Asociación Orquideófila de Guadalajara en 1960, desde ahí se publicaron boletines desde 1976 hasta 1984, siendo un total 86 números con una tirada mensual de 20 ejemplares, es un número reducido, pero cada boletín era ilustrado por la orquídea que se abordaba en el mes”.

Con el paso del tiempo, y el fortalecimiento de los conocimientos en botánica, los tapatíos inmersos en este campo empezaron a fomentar el estudio de las plantas.

El historiador señala que como resultado a esos esfuerzos emergieron más iniciativas, como los jardines botánicos en Guadalajara, y uno de esos ejemplos fue el Jardín Leonardo Oliva que tuvo una vida útil entre 1953 y 1971.

“Mi investigación se basó mucho en documentos que encontré en el archivo histórico de la Universidad de Guadalajara; documentos del archivo del Estado en la Casa de la Cultura Jalisciense, que albergó a la Sociedad de Botánica, documentos personales de Salvador Rosillo a los que accedí gracias a que logré contactar a su hija”.

A la búsqueda de las raíces históricas

Archivo. El historiador documentó una serie de cartas, libros, boletines y demás artículos.

Leonardo Oliva y Mariano Bárcena fueron de los primeros tapatíos en abordar la botánica a finales del Siglo XIX. Sin embargo, a pesar de que ninguno de ellos era biólogo o botánico, buscaban a su manera generar conocimiento en cuanto a esta disciplina, explica el historiador Carlos Silva.

Entre cartas y libros viejos, el historiador cuenta que además del estudio del pasado, otra de sus aficiones es el cuidado de las orquídeas, una pasión que siguió desde antes de empezar su carrera universitaria y que influyó para que decidiera iniciar documentando la historia botánica de Guadalajara, un tema que considera que tiene riqueza, pero aún no ha sido explotado.

 

“Este es un tema que casi no ha sido tratado, además de que soy aficionado a la botánica, es lo que me quita el estrés de la vida cotidiana, así que pensé en darle un reconocimiento a quienes no habían sido estudiados y destacar este tema que debería ser estudiado por muchas más personas”.

Y señala que además de buscar documentos, parte de su trabajo fue entrevistarse con personas que conocieran a los pioneros de la botánica, y bromea al decir que la riqueza de la información encontrada fue culpable de atrasos en su investigación, pues cada fuente consultada lo fascinaba y atrapaba su atención completamente.