Robo de los Moros a la imagen de la Virgen de la Candelaria, Morisma en Zapotlán del Rey


A mediados de enero e inicios de febrero se celebra la fiesta de los Moros y Cristianos (La Morisma) en tres comunidades de Zapotlán del Rey: Otatlán, La Noria y El Sáuz.

Se trata de una representación escénica alusiva a la batalla que emprendieron los españoles cuando recuperaron parte de su territorio contra los musulmanes, al sur de la Península Ibérica, en el siglo XV.

Como otras representaciones religiosas y culturales, esta celebración pudo haber llegado tras la Conquista en el antiguo México; sin embargo, en este caso en concreto de la Región Ciénega, no hay referencias bibliográficas que sustenten el inicio de la fiesta.

La Morisma se ha aprendido por tradición oral a través de generaciones, y representa una de las mayores, sino es que la más importante, celebración para estos tres pueblos, relata Sandra Yáñez, una de las organizadoras.

“No tenemos idea de cuándo se inició esto, por más que hemos investigado, creemos que tiene más de cien años, pero no tenemos fechas exactas”.

Aunque esta representación suele hacerse en otras partes de México y principalmente en España, donde quien engalana la fiesta es Santo Santiago “El Matamoros”, en estas comunidades de Zapotlán del Rey se realiza la víspera del Día de la Candelaria.

Robo de los Moros a la imagen de la Virgen de la Candelaria, Morisma en Zapotlán del Rey
Tradición. Las tres comunidades de Zapotlán del Rey se unen en la realización de estos festejos religiosos

El 15 de enero, un grupo de personas se atavían con capas y coronas de flores de papel, para representar a los moros montados en caballos, quienes llegan al templo principal de Otatlán para simular un robo: sustraer la imagen de la Virgen de la Candelaria y llevarla consigo a La Noria o El Saúz, según acuerden previamente. Así comienzan las fiestas.

“El día primero de febrero llegan los cristianos, que son los de Otatlán, a tratar de rescatarla, pero están los moros en respaldo para no dejarla venir. Entonces hacen un parlamento, es un tipo obra de teatro donde se están discutiendo la imagen. Los moros diciendo que no quieren una Virgen y los cristianos tratando de evangelizarlos”.

Al no conseguir que los moros cedan y entreguen la imagen de la Virgen de la Candelaria, los cristianos les declaran la guerra. La batalla simbólica se celebra al día siguiente, el 2 de febrero, en un campo deportivo de Otatlán, que resulta ser el principal atractivo de la festividad.

“Lo curioso es que los moros pelean a caballo y los cristianos pelean a pie. Es mucha la diferencia de fuerza de un jinete a alguien que anda a pie. La idea de la pelea es tumbar al moro de a caballo, el cristiano va a tratar de quitarle su corona, ese es el modo de vencer a un moro, y es el modo que indica que lo va a evangelizar: a la hora de quitarle la corona al moro, lo lleva frente a la Virgen y le quitan la corona y se la dan a la Virgen”.


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Producción: Cristina Arana


En teoría, los cristianos tendrían que vencer a sus oponentes, pero no siempre sucede, por lo que hay ediciones en las que los moros salen airosos y son quienes regresan la imagen de la Virgen, a su altar; lo que es cierto es que la fiesta une a estas tres comunidades, así como visitantes, quienes disfrutan de la verbena.

“Al final es algo que nos da identidad y nos reconocemos, y tenemos una hermandad entre las tres comunidades muy cercana al resto de las comunidades del municipio”.

Como toda fiesta patronal, estos días no pueden fallar los juegos mecánicos, y los puestos de antojitos mexicanos y bebidas refrescantes.