Mónica Luna, diseñadora de interiores


En el Barrio de San Juan de Dios de Guadalajara existen lugares donde se busca atender a pequeños que se encuentran en situación de vulnerabilidad, derivado de que sus madres se habían dedicado al sexoservicio como principal fuente de ingresos.

Uno de éstos es el Albergue Abasolo 191, del Colegio de Especialidades Avanzadas en Sexualidad y Salud, AC, un lugar que no tenía las condiciones dignas para que los menores de edad pudieran tener un desarrollo óptimo.

Por ello, Mónica Fernanda Luna Guerrero, estudiante de Diseño de Interiores y Ambientación, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la UdeG, junto con sus compañeros de carrera, emprendió un trabajo de rehabilitación para integrar a las y los pequeños al tejido social.

“Cuando llegamos, encontramos ratas, problemas de drenaje. Hicimos una exploración para conocer la problemática. Se creó una ludoteca, un espacio multifuncional donde si el niño no quiere estar sentado, pueda acostarse con toda comodidad; que estén dibujando, leyendo; se proporcionaron juegos didácticos buscados por patrocinios”.

Luna Guerrero realizó este proyecto llamado “Ludoteca Abasolo 191”, con base en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, enfocados en erradicar la pobreza, potenciar la educación de calidadalianza para lograr objetivos y prevención de la desigualdad. Esas metas las aprendió por medio de Scouts de México, asociación a la que pertenece desde su niñez y que ha alcanzado el último nivel del esquema educativo, conocido como Rover scout.

“Di con la asociación de albergues a través de una amiga que hacía un servicio con ellos, y me dijo que ahí había mucha problemática estructural. Cuando fui, decidí que iba a actuar. Como diseñadora de interiores me sentí con la responsabilidad moral de apoyarlos”, explicó.

Diseñadores interviene albergue en San Juan de Dios
Ludoteca. Tras un largo proceso de gestión, el equipo de trabajo consolidó un entorno apto para el desarrollo de 15 niños de entre 1 y 12 años, que habitan en el albergue localizado en el Barrio de San Juan de Dios

Para el proyecto se destinaron 35 mil pesos que la diseñadora gestionó a partir de patrocinios y personas que hicieron donaciones; en el proyecto participaron alumnos de la clase Diseño de Interior 7 del ciclo escolar 2019-A, a cargo de la maestra María de Lourdes Miramontes Bravo.

El grupo de estudiantes participó en la creación del diseño y la materialización de un entorno propicio para los niños del albergue; éste estuvo conformado por Alejandra Segura Ruíz, Karla Amairani Flores Tello, Ana Valeria Sandoval Barreto, Enedelia Castañeda Rivas, Renata Yatsel González Sánchez, Sarai Ortiz Ortiz, Mariana Sofia Orozco Rodríguez, Abril Guadalupe Hernández Esparza, María Fernanda Palos Barocio, Regina Minakata Ponce, Laura Roxana Del Toro Orozco, Bibiana Bazán Medina y Raquel Valeria Garduño Matus.

“Se adecuó para que fuera un espacio para niños: en colorimetría, se quitó pintura tóxica de la herrería, se instaló piso laminado y mobiliario dinámico para niños de 1 a 12 años; se instalaron dos computadores, se aislaron las instalaciones eléctricas que estaban al alcance de los niños; se colocó un estante para libros, es un diseño versátil para el desarrollo de los pequeños”.

La ludoteca fue acondicionada, además, con elementos reciclados, reutilizados y resistentes, y con ésta se busca que los pequeños se involucren en valores como higiene, orden, limpieza.

Entre los problemas más serios que identificó en los pequeños fue que algunos padecen alcoholismo fetal, por lo que es común que tengan trastornos de hiperactividad; otros no están registrados ante el Registro Civil, por lo que no pueden acceder a la educación.

“Cuando los niños vieron el trabajo final quedaron impresionados, entendieron que el lugar era suyo”, dijo.

El trabajo aún no está terminado, pues aún hay carencias de otra índole en el albergue, donde habitan 15 niños de entre 1 y 12 años, un adolescente de 14 años, 12 mujeres adultas mamás y un hombre de la tercera edad; por ello, se siguen buscando alternativas para mejorar su calidad de vida.

Diseñadores interviene albergue en San Juan de Dios
Mucho apoyo. Mediante donaciones, patrocinios, reutilización de materiales y manos de estudiantes del CUAAD, Mónica Luna impulsó un proyecto de rehabilitación de espacio, a partir de varios de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, motivo que le valió ser reconocida internacionalmente

El Colegio de Especialidades Avanzadas en Sexualidad y Salud, AC, se dedica a rescatar a estas personas que se dedican al sexoservicio, y mostrarles otras formas de ganarse la vida, pues muchas de las mujeres heredaron el oficio a temprana edad.

Unesco y Scouts del Mundo reconocen el proyecto

Una vez echado a andar el plan de acción, Luna Guerrero dio a conocer el proyecto en la plataforma https://www.scout.org/es/node/530608. Ahí detalló la estrategia, plan de actividades, presupuesto, cronograma y evidencias del antes y el después.

“La plataforma busca que, dentro del contexto mundial, cualquier persona vea los proyectos que se hayan realizado, para después replicarlo en otras regiones del mundo”, externó.

Así fue como su trabajo se derivó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, mismo que otorgó el reconocimiento por la labor de crear la intervención a partir de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“El reconocimiento es de Scouts del Mundo, porque hicimos un proyecto con los objetivos de la Agenda 2030, con lo que se busca una mejoría de aquí a ese año. Esto me da satisfacciones, porque se sabe que el diseño de interiores es costoso; esa idea se tiene incluso desde la carrera, pero saber que éste también puede ser una herramienta para atender un contexto social y tener una mejora”, subrayó Luna Guerrero.

La diseñadora refirió que la idea es que éste se replique en otros espacios, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de familias que reciben un estigma por parte de la sociedad.


Fuente: Universidad de Guadalajara
Información: Iván Serrano Jauregui
Fotografías: Fernanda Velázquez, Cortesía de Mónica Luna