El Salado


Tras la contingencia ambiental ocurrida el 4 de marzo pasado, en la que colapsó un tubo de 48 pulgadas que forma parte del colector Centro-Norte en Puerto Vallarta contaminando con aguas residuales el Área Natural Protegida del Estero El Salado y sus playas colindantes, la recuperación del ecosistema registra mejoras, pero de acuerdo con especialistas aún quedan pendientes.

Jaime Alberto Torres Guerrero, director del Estero, informó que ya desapareció el olor y el color de aguas negras. “Las condiciones de oxigeno se incrementaron y quedó un 25 por ciento de mezcla de oxígeno en el agua y ya se observa una gran actividad de peces al interior del estero El Salado”.

A pesar de esto, precisó que es necesario seguir con los monitoreos para determinar si están o no los contaminantes al interior. De acuerdo con Torres Guerrero, es difícil precisar si el proceso para restaurar el ecosistema será lento o rápido, ya que hay impactos a mediano y largo plazo que no se pueden medir.

Martín Pérez Peña, académico adscrito al Departamento de Ecología Marina del Centro Universitario de Ciencias Biológicas  y Agropecuarias (CUCBA), de la UdeG, señaló que la contaminación podría durar meses, hasta que el ecosistema limpie el exceso de materia orgánica.

Pérez Peña, uno de los integrantes del Comité Científico del Estero, subrayó que el problema fue que brotó mucha agua negra hacia el acuífero. “Imagínate un campo de futbol, ya ves que tiene como 120 por 70 o 60 metros. Pues son como ocho campos de futbol a un metro (de altura)”, los que fueron vertidos por varios días.

Sobre las implicaciones del accidente, el investigador informó que murieron peces que estaban en un canal de aguas pluviales. Puede haber fauna muerta, pero no observó la acumulación de masa y cree que los que pudieron desplazarse ya lo hicieron, así como las aves.

Torres Guerrero agregó que uno de los impactos que no se pudieron medir es la bio acumulación en cangrejos. Aves, peces y otros organismos como mapaches se alimentan de estos crustáceos, por lo que esta sustancia puede transferirse en la cadena alimenticia y llegar a los humanos.

“Entonces, tenemos que descartar que se encuentran algún tipo de contaminantes en esa cadena; desde el suelo, desde los organismos (como) crustáceos, peces, mamíferos, etcétera, obviamente para garantizar que no vamos a tener afectaciones a la salud”, dijo Torres Guerrero.

Apuntó que debe realizarse un procedimiento denominado Evaluación de daños que precise las afectaciones y las medidas que se requieren para restaurar las condiciones ambientales, así como efectuar los monitoreos.

“Y este documento lo tiene que exigir la Profepa. Nosotros estamos solicitando que se hagan todos estos estudios: monitoreo de calidad de agua, de calidad de suelo, y más delante de algunos organismos, justamente para descartar la presencia de contaminantes y garantizar que las pesquerías o, en todo caso, los peces que se reproducen y crecen en el Estero no tengan ningún problema para que las personas puedan alimentarse de ellos”, indicó Torres Guerrero.

En cuanto al agua del mar, dijo que las playas pueden utilizarse pues el agua está libre de contaminantes.

Perez Peña agregó que las tuberías son viejas, quizá de 25 o 30 años, por lo que la capacidad de respuesta de las autoridades se ve rebasada, en ocasiones, por la disponibilidad de insumos.

“Si se hubiera tenido una refacción para ponerla de inmediato, probablemente estaríamos hablando de que en dos o tres meses esto se diluye, pero ha sido tal la acumulación que esto va a llevar bastante tiempo”, agregó.

“Por eso es importante hacer un seguimiento de esas variables críticas del ecosistema y ver cómo se están comportando a tiempo”. También se debe hacer análisis de los contaminantes en los sedimentos y planear una reestructuración del drenaje, dado que la población en este destino turístico ha crecido mucho, dijo Pérez Peña.

El director del Área Natural Protegida invitó a la población a conocer el estero, porque “no son charcos húmedos donde se crean moscos”, sino que es un ecosistema noble, que brinda diversos servicios ambientales.

“Tenemos 52 especies protegidas de acuerdo a la norma 058 y es el hábitat natural del cocodrilo”, pero también sirve como criadero de peces; purifica y depura contaminantes, regula la temperatura y brinda protección ante fenómenos naturales, concluyó.

Fuente: La Gaceta de la UdeG
Información: Eduardo Carrillo
Fotografía: Cortesía