Panecillos Virgen de San Juan de los Lagos


Hambrientas y pidiendo clemencia para salir de la pobreza, las hermanas Gertrudis Paula e Inés María Márquez, habitantes del pueblo de San Juan de los Lagos, solicitaron en 1774 al entonces obispo de Guadalajara, Fray Antonio Alcalde y Barriga, una licencia para hacer panecillos con la imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos.

Ellas aseguraban que su padre era pobre y no las podía sustentar económicamente, por ello, la única intención que tenían con dichos panecillos era “cubrir su desnudez” y que los peregrinos visitantes cubrieran su necesidad de llevarse una reliquia a sus lugares de origen.

Esta anécdota es analizada por Felipe de Jesús López Contreras, maestro en Historia por el Colegio de San Luis y estudioso de la historiografía sobre la Virgen de San Juan de los Lagos.

Fue por medio de un expediente del Archivo de la Arquidiócesis de Guadalajara, que López Contreras dio con este caso, que expone cómo se asumía la religión, la política y los temas de género durante la Nueva Galicia en el siglo XVIII.

Durante el sexto ciclo de conferencias del Seminario de Historia Mexicana –que organizó el Centro Universitario de los Lagos (CULagos) de la UdeG el 30 de enero–, el estudioso compartió que ambas hermanas contemplaban vender los panecillos el Día de la Feria, que se celebraba el 8 de diciembre.

Basílica de San Juan de los Lagos
Turismo. Desde la época Colonial, San Juan de los Lagos se caracterizaba por sus constantes peregrinaciones, por lo que ambas hermanos vieron una oportunidad de salir de la pobreza

“Era una de las ferias más grandes en lo que ahora es América Latina. En 1792 San Juan de los Lagos era un pueblo de 584 habitantes que incrementaba a 35 mil habitantes. La celebración solía durar de dos a tres semanas, incluso se extendía hasta el Día de la Candelaria”, apuntó.

Si bien el interés de las hermanas era meramente para cubrir sus necesidades, cabe la posibilidad de que el flujo de la gente significara obtener una ganancia económica mayor, compartió el investigador.

La solicitud sugería que dichos panecillos fungieran como reliquias, es decir, objetos que del siglo V al VIII sirvieron para sacralizar espacios y establecer una organización jerárquica.

Según explicó López Conteras, “las reliquias eran cuerpos de santos y objetos que pertenecieron o estuvieron en contacto con los santos durante su vida. Por su parte, los amuletos son los que los peregrinos llevaban a casa desde los lugares de peregrinación”.

Utilizar el pan como reliquia era nada novedoso en la Nueva España, pues tenía una larga tradición en la cultura occidental que data desde la Edad Media.

“Al referirse a la fabricación del pan como reliquia, estas mujeres reproducirían los esquemas católicos, pero en la Nueva España. Ven en el pan, con la imagen de la Virgen, el recurso para poder ganarse la estimación de los peregrinos, a su vez que estos últimos lleven algo de un lugar bendito que sirva para sus curaciones espirituales y temporales. Pero también sería la oportunidad para que ellas ganaran dinero, no hay que dejar de lado la cuestión económica”

Hubo recelo de que fueran mujeres

Ante dicha petición, la preocupación de la Iglesia era que se extendiera la fabricación de estos artículos y se dejara de lado las limosnas que ellos recibían “de una manera legítima”; además, de transferir el prestigio a manos de mujeres que no pertenecían a las altas jerarquías ni a conventos.

Virgen de San juan de los Lagos
Fervor. Los feligreses que visitaban a la Virgen buscaban un objeto de recuerdo de su viaje, a lo que la idea de los panecillos parecía una buena idea por parte de las hermanas alteñas

López Contreras considera que los roles de género, además de traer una diferenciación en la sociedad virreinal, podían ser utilizados como mecanismos que trajeran beneficios a cada individuo: hombres, mujeres, esclavos, indios, etcétera.

“Las hermanas Márquez pedían licencia para tapar su ‘desnudez’, concepto que no se debe tomar literalmente y debía ser entendida como pobreza, misma que implicaba peligro, porque la mujer podía caer en la prostitución debido a que eran propensas a ceder ante las tentaciones ‘por la fragilidad natural” de su género’. Si la mujer caía ante tales situaciones podía desestabilizar las buenas costumbres de la época”

En ese entonces, las mujeres debían de buscar las labores que estuvieran “de acuerdo a su género” como trabajos en el hogar, cocina o tejido; empleos que fueran una extensión de los roles que debían de desempeñar en la familia. Por ello las hermanas Márquez usaron las condicionantes impuestas a su género para obtener un posible beneficio.

Esta idea la podemos observar también en la contestación que dio el obispo de Guadalajara, Antonio Alcalde y Barriga: “Serían aptas, ustedes, para ayudar a su padre en el ejercicio de otras como son la costura, telares… en que comúnmente se emplean otras muchas personas de igual calidad y sexo”.

La política, de por medio

La petición de las hermanas Márquez fue denegada. Las investigaciones clericales concluyeron que su padre se encontraba en óptimas condiciones para el trabajo, y dejaron la fabricación de los panecillos al capellán mayor de la Virgen de San Juan de los Lagos, pues consideraron que si ellas lo elaboraban “era para comercio, y sería de notable deshonra y vilipendio para la iglesia de San Juan de los Lagos”.

Maestro Felipe López Contreras
Estudioso. El maestro Felipe López Contreras ha investigado los registros novohispanos relacionados a la devoción de la Virgen de San Juan de los Lagos

Al quedar fuera la fabricación de panecillos del control clerical, provocaría manifestaciones religiosas no legitimadas por el Clero, concluyó el investigador.

El expediente indicó que ninguna persona los puede hacer ni repartir, sólo el capellán, con pena de excomunión mayor. López Contreras infiere que la negativa de la licencia pudo deberse a factores de tipo social como la falta de relaciones de las hermanas, a diferencia del capellán a quien le otorgaron el permiso sin pedirlo.

Fotografías: Cortesía, Jonatan Gallardo