"Juan José Arreola", por Rogelio Cuéllar


A 100 años de su nacimiento, el jalisciense Juan José Arreola Zúñiga permanece como uno de los escritores más apasionantes de la literatura mexicana, impulsor y referente de cuentos fantásticos que se caracterizan por su brevedad e ironía.

Fue el 21 de septiembre de 1918 cuando Zapotlán el Grande, municipio de la Región Sur de Jalisco, lo vio nacer, para después acompañarlo en sus múltiples aficiones: ajedrez, música, literatura.

El autor de La Feria tuvo un espíritu emprendedor y autodidacta. Él comenzó su camino intelectual desde muy pequeño, pues, a pesar de que no concluyó la primaria, aprendió francés con sólo ver películas y adquirió un vasto bagaje literario fuera de las aulas.

No todo fue libros, Arreola le supo de todo: fue vendedor de tepache, criador de gallinas, vendedor de zapatos, recitador de cuentos en plazas públicas y, más adelante, profesor de francés, traductor, impresor y corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica (FCE).

La academia también le vino bien, ya que fue docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y periodista; este último oficio lo desempeñó en la revista literaria Pan, en Guadalajara.

Juan José Arreola
De mundo. No sólo se dedicó al mundo intelectual, el zapotlense ejerció varios oficios, cuya esencia popular plasmó en sus obras

Pero no sólo eso, también incursionó en la actuación, lo que hizo que en 1939 trabajara junto con Xavier Villaurrutia, uno de los dramaturgos más relevantes de México.

Arreola formó parte de la compañía del dramaturgo Rodolfo Usigli, a quien además se le atribuye ser el padre del teatro moderno. Igualmente hizo teatro en Francia con Louis Jouvet y Jean Louis Barrault.

A mediados de la década de 1940 viajó a París, Francia, donde permaneció por un año y a su regreso a México trabajó como autor de solapas y corrector de textos en el FCE.

"Confabulario", Juan José Arreola
Fantástico. En “Confabulario”, el autor presenta historias como fábulas, ficción histórica, parodia y cuento.

Además de actor teatral, se desempeñó como actor radiofónico en estaciones como la XEW y la XEQ.

Sus obras publicadas más conocidas son Varia invención (1949), Confabulario (1952), La hora de todos (teatro, 1954), Bestiario (1958) y, su última novela escrita, La feria (1963).

Confabulario es un compendio de sus mejores cuentos, en los que sobresalen parábolas y curiosidades que atrapan y sorprenden al lector.

Entre 1956 y 1959 se integró a la Casa del Lago y fue su director. También presidió el Centro Mexicano de Escritores.

El jalisciense recibió numerosas distinciones, como el Premio Jalisco de Literatura (1953), Premio Xavier Villaurrutia (1963), Premio Nacional de Lingüística y Literatura (1976), Premio Nacional de Periodismo (1977) y la condecoración del gobierno de Francia como oficial de Artes y Letras Francesas (1977).

También el Premio Universidad Nacional Autónoma de México (1987), Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo (1990), Premio Internacional de Literatura Alfonso Reyes (1995), el doctorado Honoris causa de la Universidad de Colima (1996), entre otros.

Su capacidad lúdica y un humor punzante, a la hora de radiografiar los comportamientos y acontecimientos humanos de su tiempo, fueron algunas particularidades que se le reconocen.

Su narrativa completa fue publicada en 1997, bajo el sello del FCE y posteriormente por la Editorial Alfaguara.

Juan José Arreola
Multipremiado. Su obra le valió a Arreola una decena de distinciones durante su carrera en materia de literatura, periodismo y artes

Arreola también incursionó en la televisión; en 1970 aceptó una propuesta de Televisa para ser comentarista en el mundial de fútbol que se celebraría en este país.

En 1990 realizó el programa TV Arreola en Cablevisión, en el que aludía a sus pasiones, escritores, deportes como el ping pong y el ajedrez. En 1992 participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Juan José Arreola falleció el 3 de diciembre de 2001 en Guadalajara, por una hidrocefalia. El 21 de septiembre de 2015 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de Jaliscienses Ilustres, en el Centro Histórico de Guadalajara.

Fuente: Notimex
Fotografías: Rogelio Cuéllar