Kauyumari, venado de Bolaños


Una vez que se baja una profunda barranca y se deja al desierto en la parte arriba, quien llega a la localidad de Bolaños, en la Región Norte de Jalisco, no sólo se encuentra con un oasis que bordea el río que lleva el mismo nombre de esta población; sino que también, en uno de los acantilados, se puede apreciar un gran venado forrado de gema o chaquirón.

Se trata Kauyumari, una escultura de siete metros de altura (desde la base hasta la punta de la cornamenta), creada por varios artesanos bolañenses. Es el gran venado que custodia una de las puertas que lleva a la sierra wixárika y que remite a la sabiduría de este pueblo originario.

Kauyumari, venado de Bolaños
Detallado. Las gemas incrustadas forman patrones iconográficos de la cultura wixárika

Los patrones iconográficos de las artesanías de esta cultura envuelven a la representación de este animal sagrado. Los colores rojo, amarillo, negro y blanco dotan de identidad a esta pieza ubicada en un mirador que se encuentra a unos metros de la entrada de la cabecera municipal.

Desde este lugar se puede apreciar el Río Bolaños, el pueblo y los cañones. Se dice que la posición de Kauyumari está dirigida hacia el Niérika, sitio sagrado en la cima de la sierra donde, según la tradición wixárika, fue creado el universo.

Río Bolaños
Oasis. El Río Bolaños traza un espacio fértil en d donde se estableció esta ciudad de origen minero y se puede admirar desde donde está la estatua

Esta escultura fue develada el 25 de octubre de 2014 y se logró gracias a un apoyo otorgado a los artesanos de Bolaños, por parte de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), por medio del Instituto de la Artesanía Jalisciense (IAJ).

Kauyumari, venado de Bolaños
Recreación. Una panorámica inigualable se puede apreciar desde el mirador de Bolaños

Visitantes y curiosos pueden asistir a cualquier hora, para admirar las barrancas, si es de día, o el inigualable cielo estrellado, si es de noche.

Fotografías: Iván Serrano Jauregui