"Resplandor nocturno", Eréndira Díaz Esponda
“Resplandor nocturno”, Eréndira Díaz Esponda

—Y a ti, ¿te gustan los hombres o las mujeres?– Preguntó el taxista.

Entre semana, las calles de Guadalajara se quedan tan solas en la madrugada que el viento transita libre sin temor a romperse en autos, camiones o ciclistas. Llevaba quince minutos esperando taxi y el del señor Alberto fue el único que pasó.

—Te pregunto porque yo empecé a trabajar hace muchos años y mis clientes suelen ser gays, porque hay un chingo de antros para ellos– Alberto tiró por la ventana medio cigarro blanco, subió el vidrio y sin quitarse el cinturón se acercó a mi rostro. —Deja te digo que no me importa qué te guste, yo respeto. Mientras no seas bisexual todo está bien–.

—¿Por qué?– alcancé a preguntar.

—Porque los bisexuales, esos que les gustan los hombres y las mujeres, están mal. Si eres gay al menos sabes que te gustan los hombres. Pero que te gusten ambos es un exceso de lujuria. Es un exceso de querer sexo a más no poder, sin tener llenadera. Lujuria, lujuria de la buena. Todos los pecados capitales son buenos, aunque diga la Iglesia que no, porque son los placeres de la vida y hay que disfrutarlos–.

Pagué la tarifa marcada en el taxímetro y Alberto me dio una tarjeta. —Me caíste bien, sabes hablar–. Aunque yo estaba seguro de no haber pronunciado más de cuatro palabras en todo el trayecto.

—Llámame cuando necesites servicio, pero no mandes mensajes porque mi mujer los lee. Sigue aferrada de que yo soy gay, pero no, sólo sé reconocer la belleza en las personas. Por cierto, cuando subiste alcancé a ver que tienes buena nalga. Llámame–.

Y se alejó tan rápido que pude escuchar cómo rompía el viento.

(Enero, 2015)

Imagen: Eréndira Díaz Esponda