Cuando Maximiliano y Carlota se convirtieron en los emperadores del Segundo Imperio Mexicano, en la década de 1860, al país llegó una herencia europea musical con la música de las bandas sinfónicas que hasta antes de su llegada no existían en el país.

Pronto en las fiestas comenzaron a sonar las polcas, valses, mazurcas, marchas imperiales, y en los funerales, marchas fúnebres. En un México donde los cañonazos estaban a la orden del día por las disputas entre los conservadores y liberales, no faltaban las fiestas cortesanas en las que la aristocracia se regocijaba con esta oleada de música francesa.

En la Alameda Central de la Ciudad de México, junto al antiguo Paseo de la Emperatriz (hoy Paseo de la Reforma), se sabe que el emperador Maximiliano de Habsburgo organizaba tardeadas con estas bandas sinfónicas que también propiciaron la creación de instrumentos de aliento.

Algunas partituras de canciones creadas en esta época fueron a dar a la biblioteca de la Universidad de Rice, en Houston, Texas, y no fue hasta hace tres años cuando la investigadora Adriana Ruiz Razura, de la Universidad de Guadalajara, dio con estos archivos.

Al darse cuenta que aquel descubrimiento se trataba de un tesoro cultural, hizo las gestiones necesarias para poder replicarlas y volverlas a escuchar.

Fue así como dichas canciones antiguas fueron derivadas al Departamento de Música de la UdeG para que las bandas sinfónicas de la UdeG y de la UNAM, y el Ensamble “Hortus Músicus” las volvieran a la vida.

Tras un arduo trabajo de adaptación y ensayos, de las 30 partituras encontradas sólo 11 fueron parte del repertorio del concierto llamado La música del II Imperio en México, que el 23 de agosto de este año fue presentado en el Castillo de Chapultepec, lugar que fue la residencia de Maximiliano y Carlota.

“La investigación inició hace tres años y con la ayuda del Departamento de Música se logró esto. Hace 150 años que esta música no se escucha. En esta época fue cuando en el país se empezó a conformar el sentimiento de nación. En 2017 se conmemoran 150 años de la expulsión de los franceses de México y el fusilamiento de Maximiliano”, compartió la maestra Ruiz Razura.

Algunos de los autores de las partituras son Sawerthal, Aurelio Machorro Pacheco, Antonio de María y Campos, Melesio Morales y María Garfias, una niña que a sus 13 años escribió una plegaria a Benito Juárez, llamada Dios salve a la nación.

Durante la presentación, Ruiz Razura contará al público pasajes históricos de la vida cotidiana de la época, y así aderezar de contexto a las melodías.

“Sonará una obra llamada La tumba de Juárez, de A. Pacheco, que fue la marcha fúnebre del presidente, y que es impresionante. Tú la escuchas y juras que estás viendo a la gente cargando el sarcófago. Antes de esta interpretación contaré al público cómo murió Juárez, cómo días después, ya embalsamado, lo entierran en el Panteón de San Fernando en la capital del país, y cómo la multitud se aglutinó para verlo”, añade Ruiz Razura.

Los sonidos llegan a Guadalajara

Será el miércoles 23 de agosto a las 19:30 horas cuando este espectáculo musical llegue al Teatro Degollado. Serán más de 90 personas las que estarán arriba del escenario, entre músicos y cantantes, para revivir la atmósfera del siglo XIX.

En esta ocasión, además de los 11 temas a interpretarse, sonará La paloma, del español Sebastián Iradier, que, asegura la investigadora Ruiz Razura, era la canción predilecta de la emperatriz Carlota.

La UdeG, por medio de su Departamento de Imagen y Sonido, documenta las presentaciones de las bandas y el ensamble, para la realización de un documental que se transmitirá en el Canal 44. También se planea crear una memoria gráfica con fotografías de la época, acervo que pertenece a la Universidad de Rice y al museo del Castillo de Chapultepec.

Los boletos se venden entre 30 y 100 pesos en las taquillas del teatro y en el sistema Ticketmaster.

Información: Iván Serrano Jauregui / Universidad de Guadalajara
Fotografía: Abraham Aréchiga